Don Quijote de La Mancha
Estudio preliminar
 

El Quijote a través de las colecciones de cromos : Pahissa


Esta primera colección, que se nos presenta como un antiguo álbum de fotografías, está integrada por cien cromos que, mediante cromolitografía, reproducen las ilustraciones realizadas por Jaume Pahissa y Laporta para El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (partes primera y segunda) editado por Fidel Giró en 1897. Poco sabemos acerca de cómo se generó este álbum o cómo se obtuvieron los cromos que lo conforman, sin embargo sí que conocemos algunos datos acerca de su ilustrador.

Jaume Pahissa y Laporta, nacido en Sans (Barcelona) el 2 de abril de 1847, se educó como pintor de historia y paisajista con Ramón Martí y Alsina (1826 - 1894), lo cual queda claramente reflejado en su estilo como ilustrador. Del mismo modo, también nos interesa resaltar la relación con otro de sus maestros, Francisco Laporta y Valor, ya que éste ejerció como pintor y litógrafo. Tal hecho nos hace pensar en la posibilidad de que Jaume Pahissa también fuese conocedor de esta técnica y participase directamente en la divulgación litográfica de sus propias ilustraciones. Además, Francisco Laporta había sido discípulo de Carlos de Haes, pintor naturalista del que Pahissa retoma su gusto por la pintura costumbrista, los paisajes urbanos, el folklore y, sobre todo, por la Naturaleza.

Pahissa nos presenta esta selección de episodios del El Quijote a través de cien escenas resueltas con gran teatralidad -los personajes parecen disponerse en un escenario- y por medio de grandes composiciones en las que se disponen numerosos grupos de figuras. Tales características, aunque no tienen una correspondencia con el formato del cromo (55 mm. X 70 mm.), son un claro ejemplo de la influencia que este ilustrador recibe de la pintura de historia. Así, caben ser destacadas ilustraciones como el "Entierro de Crisóstomo" (Parte 1°, n° 14) o "Testamento y muerte de Quijote" (Parte 2°, n° 50), en las que el recuerdo de ciertas obras de pintura de historia es más que evidente. En cuanto al gusto de Pahissa por enmarcar las figuras entre estructuras arquitectónicas o elementos paisajísticos a modo de decorados teatrales, podemos destacar los cromos "Don Quijote conducido a la venta" (Parte 1, n° 16) o "Don Quijote en el castillo del caballero del Verde Gabán" (Parte 2°, n° 13), casos ambos en los que la composición se resuelve situando en primer plano un gran arco que cobija a los personajes.

Si bien se produce una marcada tendencia a rellenar las escenas con grandes multitudes -el caso más notable es "Plática de don Quijote a los de la partida del rebuzno" (Parte 2°, n° 19) con una infinitud de figuras-, en otros casos, sin embargo, por influencia de los grabados de Doré, los personajes quedan aislados en paisajes de bosques umbrosos, con demasiada vegetación para ser La Mancha, en los que la Naturaleza adquiere un carácter sublime.  Fijémonos, por ejemplo, en "Finezas de enamorado de don Quijote en Sierra Morena" (Parte 1°, n° 27), donde apreciamos un paisaje inmenso de cumbres elevadas, bosques y profundos barrancos, o "Historia del cabrero. . ." (Parte 1°, n° 49), en la que la oscuridad de una cueva envuelve a todos los personajes. De hecho, en algunos casos, los protagonistas casi llegan a desaparecer ante el protagonismo que alcanza la Naturaleza; así, en "Cuento de la pastora Marcela" (Parte 1°, n° 12), los gruesos troncos de árbol en primer plano hacen imperceptibles las dos figuras del fondo.

No obstante, Pahissa también nos muestra escenas en las que predominan los elementos costumbristas o, incluso, folklóricos bien conocidos por él; caso de "Entrada de don Quijote en Barcelona" (Parte 2°, n° 13) con numerosos elementos regionales catalanes (banderas, vestidos, instrumentos musicales, etc.). Y no desmerece tampoco su interés por los episodios con un carácter más exótico o pintoresco (Historia del cautivo y Zoraida; parte 1°, n° 38 y 39). En cualquier caso, las ilustraciones siempre mantienen un estricto realismo que impide la representación de las fantasías imaginadas por don Quijote. Así, Pahissa se convierte más en un "Sancho" que siempre ve molinos y no gigantes, o toros y no ejércitos.

Fernando González Moreno