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Adela Alcázar González
Margarita Azcárate Luxán
APROXIMACIÓN A LA TOPONIMIA DEL REPERTORIO DE CAMINOS DE GUADALAJARA
Actas del IV Congreso de Caminería Hispánica - Tomo I - págs. 223-242

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este trabajo es una aproximación al estudio de la toponimia de los caminos de Guadalajara, a partir del conjunto de caminos recogidos de las primeras ediciones del Mapa Topográfico Nacional 1:50.000, correspondientes a la provincia de Guadalajara, presentado como ponencia en este IV Congreso de Caminería Hispánica con el título de Repertorio de Caminos de la Provincia de Guadalajara.

Aunque una buena parte de los caminos están formados por los nombres de las poblaciones de origen o destino, hemos centrado este trabajo en la toponimia caminera menor, es decir, los nombres de caminos que hacen referencia a parajes, montes, fuentes, casas, etc., excluyendo los nombres de entidades de población o toponimia mayor, ya que su estudio constituiría en sí mismo otro trabajo de investigación.

La consideración de entidad de población se ha realizado a partir de la información suministrada por el propio mapa y su constatación en los Nomenclátores Provinciales de entidades de población, del Instituto Nacional de Estadística.

En los casos de caminos cuyos nombres están formados por una entidad de población y un topónimo menor, se han definido como caminos de toponimia menor, sin tener en cuenta los topónimos mayores. En total, se han analizado 1.924 caminos que constituyen el 47 % de los 4.067 del Repertorio.

LOS CAMINOS TRADICIONALES

La mayoría de los caminos que forman el corpus de este estudio responden a la primera acepción del nombre camino, según el Diccionario de la Lengua Española: «tierra hollada por donde se transita habitualmente». Se trata de caminos tradicionales y vías pecuarias, generalmente de origen medieval, que constituyen una red extensísima de vías rurales de comunicación y reflejan antiguos sistemas de vida, necesidades socioeconómicas y formas de relación con el entorno, todavía vigentes en los años en que se publicaron los mapas utilizados.

En las últimas décadas el medio rural ha sufrido unas profundas transformaciones debido, entre otras razones, a la mecanización de las tareas agrícolas, la generalización de la ganadería estabulada, el abandono de tierras de labor marginales, el éxodo rural, la revolución en los sistemas de comunicación y transporte viarios, y la extensión de formas de vida urbana entre la población rural.

Todos estos cambios han provocado el abandono de muchos caminos, al dejar de utilizarse para lo que fueron creados. Algunos han llegado a desaparecer tras ser invadidos por la vegetación circundante, ocupados y cortados por los dueños de terrenos colindantes, o destruidos para la construcción de infraestructuras, urbanizaciones, etc. Si esto ha ocurrido con las vías pecuarias, que son un bien público protegido por ley y con una titularidad definida, nos podremos imaginar lo que habrá pasado con los caminos tradicionales que, aunque de titularidad pública municipal, ni están inventariados ni protegidos por leyes específicas.

En cualquier caso, lo más frecuente ha sido la pérdida de sus nombres. Salvo las personas mayores, los actuales moradores de poblaciones rurales suelen desconocer los nombres de los caminos, incluso de los que utilizan en sus tareas agropecuarias. Por otro lado, este desconocimiento queda plasmado en la cartografía actual, lo que contribuye a afianzar el olvido de los mismos.

Nos encontramos ante un verdadero patrimonio público viario que, por sus valores sociales, históricos y culturales, merece la pena recuperar. A estos valores habría que añadir además el ambiental, porque los caminos tradicionales pueden unir espacios naturales de gran interés, servir de franja-colchón a estos, o incluso ser auténticos ecosistemas lineales, con una interesante vegetación a lo largo de ellos.

En definitiva, las nuevas formas de vida y los nuevos medios de comunicación viaria han supuesto en muchos casos el abandono de los caminos tradicionales o su transformación en modernas carreteras y autopistas, con la alteración medioambiental que ello supone. Sin embargo, los caminos tradicionales que perduran tienen unas nuevas perspectivas para usos alternativos, como el senderismo y otras actividades turístico-recreativas, sin olvidar la posibilidad de mantener alguno de aquellos usos tradicionales dentro de un marco de economía sostenible.

LA TOPONIMIA DE LOS CAMINOS TRADICIONALES

El estudio de los caminos tradicionales tiene una doble vertiente: recuperarlos como elementos viarios físicos y salvar sus nombres del olvido. Frente al camino innominado, mero medio para ir de un sitio a otro, el camino con nombre propio adquiere un valor en sí mismo, como expresión lingüística concreta y como reflejo de la cultura de una comunidad. El olvido de este patrimonio viario y toponímico va acompañado, irremediablemente, de la pérdida de los conocimientos ligados a los caminos y a los sistemas de uso del suelo de épocas anteriores, parte integrante de nuestra cultura y memoria colectiva.

Los topónimos son testimonio de las formas de ocupación del territorio, legados por los grupos humanos que han habitado en él; por eso se dice que son un archivo excepcional lingüístico, geográfico, histórico y cultural de grandes posibilidades para acercarse al conocimiento de un determinado espacio geográfico.

Por otro lado, la terminología popular contenida en la toponimia encierra unos saberes populares frecuentemente olvidados, cuando no despreciados, y sin embargo, interesantísimos. En palabras del ecólogo español Fernando González Bernáldez, «La terminología popular y la forma de percibir los componentes del entorno son conocimientos que pueden servirnos para entender el funcionamiento de los sistemas tradicionales de gestión de la naturaleza», y para aplicarlos a la resolución de los problemas ecológicos presentes, junto a las técnicas e investigaciones científicas actuales.

CLASIFICACIÓN DE LA TOPONIMIA DE LOS CAMINOS DE GUADALAJARA

La mayoría de los topónimos están formados por nombres comunes que designan realidades geográficas físicas o humanas. Al realizar la clasificación de los topónimos se han tenido en cuenta las categorías geográficas más comunes, utilizadas en numerosos estudios de toponimia.

Los topónimos se han clasificado según el significado recogido por el Diccionario de la Lengua Española, si bien se han tenido en cuenta otros diccionarios cuando en este no estuvieran incluidos. Si una palabra tiene varias acepciones, en general se ha tomado la primera, salvo que haya otras más lógicas o evidentes dentro del contexto en que nos encontramos. Excepcionalmente, las palabras con acepciones muy dispares se han clasificado dentro de la categoría de Varios. Se trata, por tanto, de una clasificación teórica, ya que su constatación concreta sobrepasaría, con mucho, los objetivos que nos hemos propuesto.

Las categorías en que hemos clasificado los caminos de toponimia menor son diez, pudiéndose agrupar de esta manera:

Topónimos que aluden a elementos físicos o naturales

1. Orónimos

2. Hidrónimos

3. Fitónimos

4. Zoónimos

Topónimos que aluden a elementos humanos

5. Hagiónimos

6. Antropónimos y Patronímicos

7. Topónimos relativos a la historia

8. Topónimos de actividades económicas

9. Topónimos relativos a caminos

10. Varios

A título ilustrativo, hemos realizado un gráfico con los porcentajes de frecuencia de cada categoría (Fig. 1). En los numerosos casos de caminos cuyo nombre incluye varios términos de naturaleza diferente, se ha optado por el primero para su clasificación. Por ejemplo, el Camino del Carrascal de Huertahernando a la Buenafuente se ha clasificado, por la palabra carrascal, como fitónimo.

Por las limitaciones lógicas de espacio, no es posible presentar la relación completa de caminos y su clasificación, no obstante, vamos a ver los topónimos que se incluyen en cada categoría, mencionando algunos ejemplos.

Orónimos

Bajo esta categoría, que constituye el grupo más numeroso, se incluyen los caminos que hacen referencia al relieve o configuración física de la superficie del territorio, desde sus características más generales a sus detalles más concretos, así como los que aluden a la litología del terreno. Ejs.: Camino de los Altos del Montecillo, Cº del Portachuelo, Cº de la Sima de la Estrella, Cº de la Asomadilla, Cº de las Vargas, Senda de los Pedernales.

Hidrónimos

Se han clasificado aquí los topónimos relacionados con el agua, considerada como elemento natural y como elemento artificial. Forman un grupo casi tan abundante como el de los fitónimos. Ejs.: Cº de la Rambla Grande, Cº de las Hontanillas, Cº de los Aljibes, Senda de las Acequias.

Fitónimos

Se consideran dentro de esta categoría los caminos con nombres de plantas -incluidas las especies cultivadas- o términos relacionados con ellas. También se incluyen nombres geobotánicos, es decir, nombres de terrenos que hacen referencia a sus características en cuanto a la vegetación que poseen, o a la ausencia de ella. Ejs.: Cº de los Olmos de Peña Gonzalo, Senda del Brezal, Cº de la Cespedera, Senda de las Viñas Viejas.

Zoónimos

Con esta denominación se han clasificado los topónimos con nombre de animales, ya sean salvajes o domesticados, así como términos relativos a ellos. Ejs.: Cº del Lobo, Cº del Raposero, Cº de la Tasuguera, Vereda del Caballo, Senda de las Madrigueras.

Hagiónimos

Se han clasificado como tales los topónimos formados por términos del léxico religioso, generalmente restringidos al campo de lo eclesiástico y cristiano. Ejs.: Cº de la Virgen del Madroño, Cº de la Veracruz, Cº del Abad, Carril de los Milagros.

Antropónimos y Patronímicos

Aquí se han incluido los topónimos con nombre de persona o apellido. Son muy poco numerosos ya que la mayor parte de los antropónimos y patronímicos están pospuestos a otras palabras, por las cuales están clasificados los caminos. Por ejemplo, el «Cº de la Fuente de Antolín» ha sido clasificado como hidrónimo, al ir el nombre de Antolín en un segundo lugar.

Ejs.: Senda de Ceballos, Cº de Sancho Jimeno, Cº de Peribáñez.

Topónimos relativos a la Historia

Aquí se han agrupado los topónimos relacionados con la historia de manera muy general, incluyendo topónimos relativos a invasiones, a la Reconquista, repoblaciones, y también gentilicios, es decir, los nombres que denominan origen, raza o patria. Ejs.: Cº de las Arriacas, Cº de los Romanos, Cº del Moro, Cº de los Gascones, Cº de los Maragatos.

Topónimos de actividades económicas

Se han incluido los nombres de caminos relativos a actividades agrícolas, ganaderas y otras actividades económicas como industria, minería, comercio, profesiones, etc. Además, se han clasificado como tales determinadas construcciones propias de actividades agropecuarias. Estos topónimos ocupan el segundo lugar por orden de frecuencia. Ejs.: Cº de las Arroturas, Senda de los Mayorales, Cº de Brea al Maquilón, Cº de los Arrieros, Cº de las Parideras del Campo.

Topónimos relativos a caminos

Se han agrupado aquí los topónimos formados por nombres genéricos de caminos, considerados en un sentido general, en el que se encuentran incluidos el carril, la senda, el atajo,... y también las vías pecuarias. Con frecuencia aparece rotulado en el mapa el genérico camino añadido de manera redundante delante de otros nombres genéricos más definidores del tipo de vía de que se trata. Ejs.: Camino Real, Carrera Corta, Cañada Real de Merinas, Camino del Atajo, Vereda de Ganados de la Colada.

Varios

Se encuentran en este grupo todos aquellos topónimos no incluidos en los anteriores, bien porque son inclasificables, bien por la disparidad de sus significados, bien porque nos parecen de menor interés toponímico, o bien por ser tan poco numerosos que formarían grupos irrelevantes. Ejs.: Cº de la Mayusta, Senda de la Certosa, Cº de los Engaños.

ESTUDIO DE LOS TÉRMINOS GEOGRÁFICOS EN LOS CAMINOS DE GUADALAJARA

Si bien la toponimia es un archivo excelente de la cultura de un pueblo, los caminos lo son del conjunto de la toponimia, ya que elementos geográficos desaparecidos pueden perdurar a través de los nombres de los caminos próximos.

En lo concerniente a los caminos de Guadalajara, no ha dejado de sorprendernos la extraordinaria riqueza de la toponimia menor contenida en ellos. Por tal motivo, para realizar los comentarios lingüísticos incluidos en este apartado, hemos seleccionado los términos geográficos más relevantes del Repertorio. Para diferenciarlos de otros ejemplos aparecen con la inicial en mayúscula.

Tras los comentarios, se incluyen unos esquemas en el Anexo I con la agrupación de los términos geográficos comentados; únicamente aparecen reflejadas las formas primitivas y los derivados con alguna connotación especial.

Orónimos

Podemos citar una gran variedad de términos referidos a las características físicas del terreno.

Elevaciones

Para denominar un lugar que sobresale por su altura encontramos diferentes genéricos, siendo los más utilizados: monte, peña, cerro y cabeza.

En las formaciones referidas a las elevaciones del terreno es frecuente encontrar construcciones metafóricas; es decir, palabras que en su origen designaban algún elemento sobresaliente por su altura y que han pasado a designar metafóricamente el terreno que tiene esta característica. Como Peña (del lat. pinna), que en latín designaba la almena de un recinto fortificado; Cerro (del lat. cirrus) que significaba copete o moño; Cabeza, y su masculino Cabezo, con el significado conservado de parte superior de un cuerpo; Morra, refiriéndose a una forma semejante a la cabeza; o Pico -derivado de pica, por la onomatopeya pic- que denomina algo puntiagudo y sobresaliente.

La metáfora puede también proceder de la forma de la elevación, como Muela, por el evidente parecido de su forma con el diente posterior, que a su vez debe su nombre a la piedra de moler, al tener idéntica función; o Cresta (del lat. crista) por su relieve con agudos peñascos que nos recuerda la carnosidad roja que sobresale en la cabeza del gallo.

En otros casos vemos topónimos que son el resultado de una sinécdoque, es decir una característica de un lugar pasa a denominarlo, como Viso que es un lugar alto desde donde se puede ver mucho terreno; Atalaya que en árabe significaba 'los centinelas' y que pasó a designar el lugar en que éstos se colocaban para vigilar; y Asomadilla que toma su nombre de la acción que se puede realizar desde ese lugar, o sea 'asomarse'.

Otras palabras tenían ya este significado de lugar sobresaliente en latín: Monte, Alto, Colina, Cumbre; o en árabe: Alcor.

Hay topónimos que designan una altura extensa, no puntual, como Alcarria, Ajarafe, Mesa o Poyuelos que procede del uso metafórico de la palabra latina podium o plataforma elevada.

Son también frecuentes las denominaciones metafóricas en cuanto a la forma del relieve, topónimos que por su forma nos recuerdan un objeto determinado. Podemos citar Horcajo, diminutivo de horca, por el dibujo que hacen dos montañas (o ríos) al unirse en un punto determinado; Cuerda o cima aparente de las montañas que simulan el dibujo de un cordón; Lomo y Sierra.

Es curioso el colectivo Riscal, lugar donde hay muchos riscos, porque este tipo de colectivos únicamente suelen utilizarse para elementos de pequeñas dimensiones (árboles, arbustos, piedras, etc.).

Llanuras

Por otra parte, para designar un terreno llano solo aparecen cuatro topónimos: nava, vega, llano y raso. Nava (de origen prelatino) designa una extensión llana y a veces pantanosa, rodeada de montañas; Vega (del ibérico vaica) tiene un valor añadido de fertilidad; Llano (del lat. planus) se refiere a un relieve sin elevaciones ni depresiones, y ninguna otra connotación; el adjetivo Raso (del lat. rasus) procede del verbo latino radere que tenía el significado de raspar una superficie y pasó a designar un lugar con estas característica de lisura.

Depresiones, pasos y angosturas

Son también numerosos los caminos con topónimos que dan nombre a las depresiones y angosturas. El más repetido es Val, forma apocopada de Valle (del latín vallis), que se encuentra casi siempre sufijada (Valseco, Valsalobre) y que, en ocasiones, aparece también en femenino seguramente por influjo del aragonés (Valhonda, Vallejonuela). La forma completa Valle es mucho menos frecuente y la mayoría de las veces aparece en diminutivo (Vallejuelo).

Las palabras Barranco y Barco también señalan una depresión en el terreno, con menor profundidad en el segundo caso.

Si se trata de una depresión en el terreno vemos los términos Hoya y Hoyo (del lat. fovea), también con el prefijo intensificativo re-:Rehoyo; Sima (de origen prerromano); y Sarteneja, seguramente derivado de sartén (lat. sartaginem), se refiere a una grieta en terreno arcilloso debido a la sequía, llegando a formar una hondonada circular.

Cuando el camino atraviesa una estrechura o angostura entre montañas encontramos los topónimos Hoz y su diminutivo Hocino, (del latín faux,faucis); Garganta (de la onomatopeya gorg); y Congosto (del latín congostus, de angustus); Quebrada (del lat. crepare), podemos decir que Nebrija ya recogió la acepción de esta palabra como sinónimo de desfiladero y que Cervantes la utilizó con este sentido de abertura estrecha entre montañas; por otra parte, es interesante señalar que en su forma masculina se utiliza para calificar un terreno desigual, con altos y bajos (Quebrado).

Directamente emparentados semánticamente con este grupo de topónimos se encuentran los que señalan un paso o abertura entre montañas, como Collado (del lat, collis) que en latín daba nombre a una colina de menor altura que los que la rodeaban y de aquí tomó esta segunda acepción de paso entre montañas; Puerto (del lat. portus); Paso (del lat. passus).

Rampas

Los caminos que ascienden por las terrenos inclinados nos ofrecen diferentes topónimos, el más repetido es el habitual cuesta (del lat. costa) que en su origen significó costado y costilla, para después pasar a designar una superficie en pendiente; un derivado de esta palabra es Costanillo, diminutivo de costana (calle en pendiente). Con este mismo significado originario de costado o lado tenemos Ladera (del adjetivo ladero, derivado de lado), cuyo género femenino se debe a su concordancia con cuesta, en este sentido es interesante recordar que una cuesta con pendiente o inclinada (clivus transversus) era traducido por Nebrija como 'ladera de cuesta' ; Repecho (formado con el sufijo re- y el sustantivo pecho) es una cuesta con mucha pendiente y corta extensión. Una Varga (de origen prerromano) es la parte con más pendiente de una cuesta. Incluiremos también en este apartado la palabra Ribera (del lat. riparia, de ripa) que significa margen y orilla de un río, porque aunque literalmente no tenga el sentido de terreno en declive, la realidad es que las riberas de los ríos se encuentran generalmente en pendiente, por esta razón el derivado ribazo da nombre a un terreno con declive.

Hidrónimos

Según Dauzat, los hidrónimos son los más fieles testigos de las lenguas primitivas, ya que son los que menos modificaciones sufren a lo largo del tiempo.

Cursos de agua

No hay muchos caminos con apelativos referidos a los cursos de agua. En primer lugar podemos citar el más común de todos ellos: Río (lat. rivus) y sus derivados Rivera y Riada, con sus respectivas connotaciones de menor tamaño e inundación; Arroyo (de origen prerromano) en principio designaba la galería de una mina; encontramos también la voz onomatopéyica Chorro y sus derivados Chorrera, Chorrillo y Chorrones; Rambla (del árabe ramla) designa un lecho natural de aguas pluviales; Regajo, sustantivo formado del verbo regar (del lat. rigare), puede señalar un pequeño arroyo o un área encharcadiza con hilos de agua que al extravasarse forman charcos, no aparecen sus variantes reajo y regato, muy habituales en la toponimia; con el mismo origen tenemos Reguero que es un pequeño chorro o arroyo.

Surgencias de agua

La palabra fuente (lat. fons,fontis) es el topónimo más repetido de este grupo, además de la denominación completa encontramos formas apocopadas sin diptongar, como Fontanar, y formas apocopadas con diptongo (Fuencaliente, Fuensanta, Fuenlabrada), así como los derivados de fontana: Hontanilla, Hontezuela y los Hontanar y Fontanar, término este último menos frecuente en toponimia. Para designar el lugar donde nace o brota un curso de agua encontramos Nacedero y el topónimo metafórico Ojo, con el derivado Ojuelo.

Agua remansada y humedales

Solamente tenemos dos apelativos Charco (voz onomatopéyica) y Laguna (lat. lacuna). Por otra parte, en tres ocasiones vemos la palabra Agua (Carril del Agua, Camino del Agua Fría, Valdelagua). Otro término que designa una lagunilla formada por un surgencia de agua subterránea es Chortal, más frecuente en zonas de montaña.

Para designar un terreno húmedo, encenagado o pantanoso encontramos varios topónimos, Bonales está formado mediante la síncopa de la palabra bodonales, derivado de bodón (lat. buda 'espadaña') que es un depósito natural de agua, de forma redondeada; denominando un terreno llano y deprimido generalmente pantanoso tenemos Nava y su derivado Navajo que es frecuente en la toponimia para designar un depósito natural de agua, como lavajo. El topónimo Prado (lat. pratum) es el más utilizado para nombrar una tierra húmeda o de regadío, con sus derivados Pradera, Pradejón y Pradillo. Derivado de valle es el término Vallejo que también puede calificar una tierra húmeda que produce un pasto basto.

Intervenciones humanas

Un numeroso grupo de hidrónimos es el formado por los que reflejan la presencia del hombre o, dicho de otro modo, aquellos elementos relacionados con el agua que son el producto de una intervención humana. Así, para canalizar una surgencia de agua vemos el genérico Caño, formación masculina de caña (lat. canna), con el derivado Cañuelo; para designar un cauce artificial de agua tenemos Canal (lat. canalis), con sus derivados Canaleja, Canalizos y Canalón; de menor tamaño Acequia (del árabe as-saquiya), Caces, plural de caz (lat, calix,-icis). Varios caminos están formados por sinónimos de abrevadero: Aguaderos, Alberca (del árabe al-birka) y Bebedero. Para designar un estanque o depósito artificial de agua encontramos Pila, con sus múltiples derivados Pilarejo, Pilillas, Pilón, Piloncillo y Pilones, que suelen referirse al conjunto formado por una fuente y un abrevadero; el derivado Lavadero y Aljibe (del árabe al-yubb) si se trata de un depósito subterráneo. Entre los vocablos relacionados con los usos humanos destaca Pozo (lat. puteus), también abundan sus derivados Pozón, Pozuelo, Pocillo y Pozomiga. Vado (lat. vadus), lugar de un río por donde se puede pasar, es lógicamente un término que aparece varias veces formando parte del nombre de camino. Curiosamente aparece en muchas menos ocasiones la palabra Puente (lat. pons,pontis). Para atravesar un río era frecuente el uso de una Barca, por esta razón encontramos varios caminos que llevan al punto del río donde se hallaba esta pequeña embarcación; en aragonés este nombre tiene el significado de 'huerto rodeado de árboles en medio del río'.

Hay dos topónimos que se refieren a un lugar caracterizado por su falta de agua, son: Sequeras y Desierto.

Otras manifestaciones relacionadas con los hidrónimos

Por último, incluiremos dentro de este grupo de hidrónimos dos caminos que nos indican la presencia de un terreno rodeado de agua en algún río próximo con el apelativo Isla (lat. insula), aunque no hay que olvidar que también puede designar un terreno aislado por sus especiales características.

Fitónimos

Dentro de los fitónimos abundan especialmente los términos relacionados con los árboles.

Vegetación arbórea

Al grupo de las fagáceas pertenecen la Encina (del lat. vulgar ilicina) y sus derivados Encinar y Encinilla; Carrasca (de origen prerromano) y sus derivados Carrascalejo, Carrascosa, Carrasquilla y Carrascal, muy habituales en toponimia; Chaparrilla y Chaparral (del vasco txaparro), lugar donde abundan las matas de encina; Cajigar y Quejigar (de origen prerromano) colectivos de cajigo y quejigo respectivamente; Roble (de robre, lat. robur,-oris) y sus derivados Roblazo, Robledo; también encontramos sus sinónimos: Rebollosa y Rebollar (del lat. *repullus 'renuevo'); perteneciente también a las fagáceas es el Haya (lat. fagea, de fagus), la palabra latina designaba en principio la madera de este árbol y más tarde mediante una sinécdoque, muy normal en la evolución semántica, pasó a denominar al propio árbol.

Encontramos otros árboles, como el Pino (lat. pinum) de la familia de las pináceas y sus derivados Pinar, Pinareja, Pinarejo, Pinateros, Pineda, Pinilla, Valdepino y la curiosa forma adjetivada Valpinoso.

El Sauce (de salce, del lat. salix,-icis), familia de las salicáceas, aparece también en las formas derivadas Saceda y Salceda, así como el topónimo Salgar, considerado peculiar del asturiano, que según Corominas procede de una palabra celta que pasó después al vasco y de aquí al romance.

El Enebro (lat. vulgar iuniperus), familia de las cupresáceas, con los derivados Enebral, Enebrales y Enebrosas; de esta misma familia es la Sabina (lat. sabina) y su derivado Sabinar.

También hemos recogido el fitónimo Olmo (lat. ulmus), familia de las ulmáceas, sus derivados Olmedilla, Olmillo y el poco común Valdeolmeña; esta especie está casi desaparecida en la actualidad.

La Noguera (lat. medieval nucaria), familia de las juglandáceas, era un vocablo utilizado para calificar al nogal ('arbor nucaria'), vemos también el aumentativo Noguerón. Y de Saúco (lat. sabucus), familia de las sambucáceas, su derivado femenino Saúca y el diminutivo Saucejo.

Por último, citamos los árboles que aparecen con una única forma: Fresno (lat. fraxinus); Higuera (lat. ficaria); y Madroñal (or. incierto).

Vegetación arbustiva

Agrupamos aquí las plantas perennes de tallo leñosos y ramas desde su base. En la toponimia son frecuentes los nombres colectivos que designan los lugares donde abundan diferentes tipos de plantas. Formando parte del nombre de un camino hemos encontrado: Brezal, Cambronales, Cantuesar, Escobares, Espinar, Esplegar, Estepar y Zumacar (tierra plantada de Zumaques).

Es muy común designar estas plantas leñosas con la palabra Mata, que aparece también en las formas derivadas Matazuela y Matilla, según Corominas es muy posible que proceda del latín tardío matta que significaba 'estera' y que después se aplicaría metafóricamente a las plantas que cubrían el suelo.

Por otro lado, vemos fitónimos individuales como Aliaga (de origen incierto), nombre de varias plantas espinosas de los géneros ulex y genista. Esta denominación es más propia del este de España, pero aparecen múltiples formas en la toponimia española: aulaga, bálago, ulaga, ahulaga, albolaga, aliaca, aliega, ilaga. Barbarija, también denominada barbadija, es del mismo grupo que el laurel salvaje (viburnum tinus); Bermeja es el nombre que recibe el brezo por su color, su derivado bermejar puede calificar una tierra rojiza. Bardalón (or. incierto), aumentativo de barda, es definido en algunos diccionarios como una cubierta de espinos y zarzas que se ponía sobre las tapias, pero es frecuente su uso para denominar un seto de zarzas (Corominas opina que esta era su acepción primitiva); en toponimia aparecen los derivados bardera, bardal, bardial y el más extraño bardionera, con la vocal epentética; curiosamente, en Salamanca la palabra barda designa el roble o quejigo. Sarguillas, derivado de sarga, palabra tomada del vasco y ésta a su vez del celta, se usa para designar un especie de mimbre común en las orillas de los ríos; de esta misma planta encontramos el derivado Mimbrera (lat. vimen,-inis); Espino que toma el género masculino para designar el arbusto de ramas espinosas; Rosales, derivado plural de rosa. Taray (del árabe vulgar taráf) también llamado tamariz y antiguamente atarfe, es un arbusto que crece en las orillas de los ríos, nos interesa destacar que los lugares donde abundan los tarayes reciben múltiples denominaciones en toponimia: tamarigal, tarajal, taharal (metátesis de tarahal) y también derivados como tarayuelas y atarayuelas con una vocal protésica.

Vegetación herbácea

Agrupamos aquí las plantas cuyo tallo es tierno y perecedero, podemos decir que son más frecuentes los nombres colectivos que los individuales para designar los lugares donde abunda este tipo de plantas. Citaremos en primer lugar el esparto que aparece en su forma colectiva Espartar (Valdespartar) y en la forma adjetivada Espartosa. Encontramos también como topónimo Caña (lat. canna) y sus derivados Cañal y Cañales que designan una vegetación propia de lugares húmedos; es interesante observar que la palabra cañada como vía para ganado trashumante denominaba en principio un valle poco marcado debido al cañaveral de su parte honda, después pasó a designar la vía para ganado porque estos valles eran los utilizados en la trashumancia. También en forma derivada tenemos Cervunal, el adjetivo cervuno aplicado a la jara ha pasado a designar una planta herbácea o césped que se cría en prados de montaña; con significado parecido aparece Cespedera. El carrizo (lat. carex,-icis) crece en zonas de inundación relativamente constante, de nuevo aparece en la forma colectiva Carrizal; igualmente de junco (lat. iuncus) podemos citar Juncar, lugar poblado de juncos o junqueras.

Por otra parte, hemos encontrado los siguientes nombres de plantas sin formas derivadas: Atocha (origen prerromano), término usado por los mozárabes como sinónimo de esparto; Malva (lat. malva) cuyas flores son del color que ha pasado a utilizarse como adjetivo; Melera, planta borraginácea también conocida como lengua de buey; Mielga (lat. vulgar melica) procede del adjetivo 'medica' que calificaba un tipo de hierba de tamaño mediano; y Gualda (de origen germánico), con flores amarillas.

Especies cultivadas

Los topónimos más frecuentes son los relacionados con la recolecta de la uva: Vid, Viña, Carraviñadero, Parra, Majuelo. Otros son Olivar, Olivillo, Esparragales, Triguera, Coles y los frutales Manzano y Peral.

Varios

Es interesante observar también otros nombres relacionados con los fitónimos: Ardal designa una rama baja del árbol; Ramazal es un derivado incrementado de rama; Tocón es una derivado de tueco (de la onomatopeya tuc,tuc), es la parte del tronco de un árbol que queda unida a la raíz cuando lo han talado por su pie, también están sus derivados Toconar y Toconal; Verdugales, plural de verdugal, es el lugar cubierto de verdugos o renuevos, palabra hispano latina (virducum) que no está claro si se trata de un derivado de 'verde' o del latín 'virgultum' que significaba 'retoño', puede designar una vara cortada de un árbol y también el vástago o renuevo que echan los árboles tras haber sido cortados.

Actividades económicas

No es de extrañar que los topónimos que reflejan las diferentes actividades del hombre sean muy abundantes.

Actividades ganaderas

Entre los topónimos relacionados con la vida pastoril y ganadera destacan los que designan los lugares de pastoreo o pasto, citaremos en primer lugar los que reflejan la idea de protección y seguridad: Dehesa (lat. defensa 'acotada') y Coto (la. cautus 'defendido, asegurado'), ambos señalan terrenos acotados donde pasta el ganado. Otro lugar de pasto es Bustar derivado de bosta, excremento del ganado (lat. tardío bostar 'establo de bueyes'); Corominas ha comprobado que el colectivo bostar era de uso común, ya que aparece en documentos medievales en las enumeraciones de pertenencias, seguramente su significado era el de 'pastizal para bueyes'; pero, sin embargo, no ha encontrado testimonios del uso de bosta. En el Gabinete de Toponimia hemos recogido las formas bostal ('establo') y bustaliza ('terreno de pasto').

Encontramos también el topónimo que se refiere al sitio donde se da sal al ganado: Salegal (lat. *salicare).

Otros topónimos aluden a alguna característica especial del ganado, como Machorro derivado de macho (lat. masculus), esta palabra se usaba en principio sólo para designar a la hembra estéril: machorra. Campanos deriva de campana o cencerro y también puede referirise al caballo o res que sirve de guía a los otros. Por último, podemos citar el topónimo Mayoral, derivado de mayor, que es el pastor principal de un rebaño.

 

Actividades agrícolas

Entre los topónimos relacionados con las actividades agrícolas destacan especialmente los que designan el lugar donde estas se realizan. Citaremos en primer lugar los que describen una característica del terreno: Añada, derivada de año, designa cada una de las partes de una tierra de labor o de una dehesa que se siembra o se usa para pastos durante un año y se deja en descanso durante el año siguiente, al menos; Arroturas (del ant. arrompido, del verbo arromper) da nombre a la tierra que se rompe para cultivarla, lo encontramos también en la composición Valderroturas; Era (lat. area) nos indica el lugar donde se trillan las mieses; su derivado masculino ero aparece con la grafía Heros, referido a un campo labrantío, según Corominas el masculino probablemente se deba a la influencia de ager,agri, es interesante destacar que en aragonés este topónimo se utiliza para designar el tablar o cuadro de una huerta; en toponimia abundan las variantes: ería, erío, ero, eruelo, hería, heruela, iruela, etc. Asimismo, el topónimo Meseguero derivado de mies (lat. messis) nos hace pensar en un lugar donde abundan las mieses.

Otros nombres que aparecen con frecuencia en la toponimia son los referentes a una porción de terreno propicia para las labores agrícolas: Haza (del lat. fascia 'faja', derivado de fascis 'porción de leña atada') aparece en documentos medievales designando un trozo de tierra largo y estrecho; Serna (probablemente del celta *senara) parece haber tenido siempre el significado de campo cultivable de pequeñas dimensiones, ya en el siglo IX aparece con la forma sincopada senra y posteriormente serna, mediante una metátesis; Cuartel y Cuartones (del lat. quartus, el primero seguramente a través del catalán) tienen diferentes connotaciones: cuartel alude a una división del terreno y el segundo nos indica su forma cuadrangular.

Referidos a otros cultivos encontramos: Huerto (lat. hortus), nombre que aparece con los derivados Huerta, de mayor tamaño, Hortezuela y Huertalica, conservando el diptongo. También designando un huerto, pero a la orilla de un río, vemos el topónimo Huelga (celta olca), según Corominas el paso de c a g puede deberse a una etomología popular que relacionó esta palabra con el verbo holgar.

Los trabajos agrícolas quedan englobados en los topónimos Labor y Labores (lat. labor,-oris), es frecuente su utilización en plural. Designando una tierra dispuesta para ser sembrada, tras haber sido barbechada o despejada de vegetación, encontramos los diminutivos: Labradillas y Rozadillas, parece prevalecer aquí la connotación valorativa del diminutivo frente a la empequeñecedora. Por último, debemos citar la palabra Belorta que es una deformación de vilorta y designa cada una de las abrazaderas de hierro de un arado.

 

Otras actividades económicas

Además de las actividades agropecuarias aparecen reflejadas otras actividades económicas: Aceiteros, Batán, Calera, Canteras, Carboneras, Colmenares, Fábrica, Fraguas, Herrería, Hornillo, Laneros, Lavanderas, Lecheross, Madereros, Maquilón, Minas, Molineras, Panaderos, Salineras, Tejar, Trapero, Vidrieros, Yesera.

Nos interesa destacar la palabra Maquilón, derivado de maquila que era la porción de grano, harina o aceite que correspondía al molinero por la molienda; el maquilero era el molino que funcionaba cobrando maquila y también el encargado de cobrarla. Seguramente se utilizaba la palabra maquilón con valor peyorativo, ya que por su función recaudadora su presencia no debía de ser muy grata. Es interesante observar que en la actualidad se denominan maquilas o maquiladores las empresas instaladas en países del tercer mundo, en zonas francas de exportación, cuyos trabajadores se encuentran bajo régimen de total explotación económica.

 

Construcciones relacionadas con actividades agropecuarias

Es muy variada la terminología que se refiere a las construcciones, o pequeñas estructuras más o menos estables, creadas especialmente para cobijarse los pastores o recoger el ganado.

Citaremos en primer lugar los refugios para los pastores: Choza (ár. jocca), que aparece también con la forma aumentativa Chozón; Cabaña (lat. tardío capanna) cuya primera y principal acepción es la de casa pequeña y tosca.

Lógicamente, en el campo abundan más los topónimos referidos al refugio del ganado. El origen de sus nombres es diverso, la mayoría proceden de una sinécdoque o una metonimia, al pasar a designar el lugar uno de los elementos o características que lo componían. Relacionados con la costumbre de formar cercados de red para encerrar el ganado, tenemos: Majada (del lat.*maculata, de macula), también en las formas compuestas Majadahonda y Majadaverde, así como sus derivados Majadilla y Majadal, que puede referirse a un lugar de pasto; Redero, derivado de red, tiene un significado similar a redil.

Encontramos el sustantivo verbal Aprisco (lat. *appressicare), el verbo latino tenía el significado de 'apretar' y posteriormente se utilizó con el sentido de 'reunir las ovejas'; igualmente Cerrada es un sustantivo verbal, referido a un lugar cercado donde se lleva a cabo la acción indicada por el verbo; derivado también de la función que en él se realiza está el nombre Parideras (lat. parere) que designa el lugar donde pare el ganado, especialmente el lanar; este término es muy frecuente en Aragón.

Por otra parte, Corral (de corro) debe su nombre a su forma circular, y también su derivado Corrada, sitio destinado al estiércol. Tinada (lat. tigna 'vigas'), que es un cobertizo de leña, debe su nombre al material con que está hecho, existiendo, además, estas variantes: tenado, teinada o Taina; esta última forma aparece también en el Repertorio y se considera propia de Guadalajara, con el significado de paridera.

Cortes (lat. cohors,-ortis), además del significado de 'séquito real', tenía esta acepción de corral que ya fue recogida por Covarrubias.Truecha podría ser una variante de truecho o truejo que, a su vez, procede del sustantivo femenino troj (or. incierto) referido a una especie de granero.

Por último, citamos Pajares (lat. palearium) y Vaqueriza, derivado de vaquero y referido al corral donde se recoge el ganado vacuno en invierno.

 

SUFIJACIÓN

 

Al ser la toponimia un claro reflejo del habla, es natural que la sufijación tenga un importante papel en la formación de los nombres de lugar, en nuestro Repertorio son tan numerosos los sufijos utilizados que es necesario pormenorizar su estudio. Es muy probable que esta proliferación se deba al influjo de las hablas aragonesas, en las que su importancia ya ha sido investigada . Seguiremos un orden alfabético porque, si bien en ocasiones quedan separados sufijos de un mismo origen, de este modo se faciltará su consulta.

-acho (lat. -aceus), sufijo con valor despectivo: Cimacho, Picacho, Portacho.

-achuelo, -ichuelo, sufijos incrementados (-acho más -uelo), con valor peyorativo: Portachuelo, Campichuelo.

-ada, -ado (lat. -atu), la función más antigua de este sufijo es la adjetivación: Colorada, Degollada, Fuencavada, Fuenlabrada, Gradada, Quebrada, Riada, Rinconada, Quemado y Quebrado.

-ajo (lat.-aculus o -aticus), los topónimos del Repertorio que aparecen modificados mediante este sufijo cambian su significado con respecto al nombre primitivo: Horcajo ('confluencia de dos montañas o ríos'), Navajo ('lavajo') y Regajo ('zona encharcada').

-al, este sufijo indica abundancia o una característica del lugar: Arenal, Berral, Brezal, Carrascal, Cervunal, Cornigal, Chaparral, Enebral, Majadal, Riscal, Salobral, Toconal, Valdecarrizal.

-ano, designa un lugar o una característica del lugar, tenemos: Campanos, Cantuesanos, Serranos.

-ar, tiene un significado similar al sifijo -al, se refiere a un lugar abundante en algo: Bustar, Cajigar, Cantuesar, Colmenar, Espinar, Juncar, Navazar (con sufijo incrementado), Olivar, Pinar, Quejigar, Rebollar, Sabinar, Toconar, Tomillar.

-azo (lat. -aceum), este sufijo puede tener un valor colectivo y también aumentativo: Barrancazo, Navazo, Roblazo, Tobazo.

-eja, -ejo (lat. -iculus), puede tener una significación empequeñecedora y también despectiva, aparecen numerosos ejemplos: Carrascalejo, Casarejo, Castillejo, Pilarejo, Saucejo, Vallejo, Villarejo, Zarcejo y Vallejo ('zona húmeda') que, como vimos con el sufijo -ajo, adquiere un nuevo sentido.

-eta, -ete (lat. -ittu), sufijo diminutivo muy común en aragonés, encontramos: Cobeta, Valdeminguete.

-ero, (lat. -ariu), este sufijo puede indicar un oficio u ocupación y también una característica del lugar, ya sea por la acción que en él se realiza, por la composición del terreno o por otras peculiaridades. Su presencia en el Repertorio es muy amplia: Bebedero, Calero, Carraviñadero, Lavadero, Meseguero, Nacedero, Pasadero, Rasero, Ruidero, Salinero; de oficios: Chocolatero, Pajarero, Trapero.

-ica, -ico (or. prerromano), con valor diminutivo y afectivo, sólo tenemos dos ejemplos: Mañico y Huertalica.

-illo (lat. -ellu), sufijo diminutivo y también con un claro valor apreciativo, es el más abundante: Campillo, Cerrillo, Hosquillo, Llanillo, Molinillo, Olmillo, Pocillo, Valecillo, lo encontramos también con un adjetivo: Negrillo.

-ín, con un significado empequeñecedor y expresivo, sólo encontramos un caso, aplicado a un nombre propio: Fuente de Antolín.

-ito (lat. -ittu), indica una apreciación diminutiva y afectiva, lo encontramos en: Senda del Pucherito.

-iz, -izo, -iza (lat. -iciu), con valor de adjetivo en su origen, es un sufijo de adjetivos y sustantivos, cuando estos últimos son femeninos tienen un significado de lugar: Calzadizo, Canalizo, Matiza, Pedriza, Vaqueriza.

-ola (lat. olus), con valor diminutivo, sólo podemos citar: Carrascola.

-ón (lat. -one), este sufijo tiene un valor aumentativo, intensivo, expresivo y despectivo; Alvar opina que puede tener también una significación empequeñecedora, citando el ejemplo de Pontarrón que también aparece en el Repertorio. Los ejemplos son abundantes, podemos citar: Bardalón, Barrancón, Canalón, Chorrones, Escalerón, Guarrón, Maquilón, Navahondón (con una extraña concordancia masculina), Peñón, Pilón, Pozón, Valdurón, Valtorón.

-orro, sufijo de origen vasco, tiene un valor peyorativo y también diminutivo, encontramos únicamente: Machorro ('esteril').

-oso (lat. -osus), puede utilizarse para indicar la abundancia de lo significado por la base (como una determinada vegetación) o para resaltar una característica del lugar, aparecen: Carrascosa, Escobosa, Espartosa, Peñascosa, Rebollosa; también puede tener un valor adjetival: Viciosa.

-uelo (lat. -olus), con valor diminutivo y afectivo: Cabezuelo, Cañuelo, Navajuelo, Ojuelo, Pozuelo, Vallejuelo;

ANEXO I. TÉRMINOS GEOGRÁFICOS DEL REPERTORIO

Orónimos

Elevaciones

Ajarafe

Alcarria

Alcor

Alto

Asomadilla

Atalaya

Cabeza-o

Cerro

Colina

Cresta

Cuerda

Cumbre

Horcajo

Loma-o

Mesa

Monte

Morra

Muela

Peña, peñascosa

Pico, picacho

Poyuelo

Puntal

Riscal

Sierra

Viso

 

Depresiones

Barcón

Barranco, barranquera

Hoya-o, rehoyo

Sarteneja

Sima

Val, valle

 

Pasos y angosturas

Collado

Congosto

Garganta

Hoz, hocino

Paso

Puerto

Quebrada-o

 

Llanuras

Llano, llanada

Nava

Vega

Raso

 

Rampas

Cuesta, costanillo

Costado

Ladera

Repecho

Ribera

Varga

 

Composición del terreno

Arenal

Arriaca

Barrero

Berrueco

Calera

Canto, cantal

Guija

Lastra

Losa, losar

Pedernal

Piedra, pedriza, pedroche

Salobral

Tierra, terrero-a

Tobazo

Yesar

 

Hidrónimos

Cursos de agua

Arroyo

Chorro, chorrera

Rambla

Regajo, reguero

Río, riada

Rivera

 

Surgencias de agua

Fuente, fontanar, hontanar

Nacedero

Ojo

 

Agua remansada y humedales

Agua

Bonal

Charco

Chortal

Laguna

Nava, navajo, navazo

Prado

Regajo

Vallejo

 

Intervenciones humanas

Acequia

Aguadero

Alberca

Aljibe

Baño

Barca

Bebedero

Canal, canalizo

Caño

Caz

Lavadero

Pila, pilar

Pozo

Puente

Vado

 

Actividades económicas

Agrícolas

Añada

Arroturas

Cuartel

Cuartón

Era

Haza

Heros

Huerto, huerta

Huelga

Labor

Labradillo

Meseguera

Rozo, rozadilla

Serna

Truecha

 

Ganaderas

Bustar

Coto

Dehesa

Machorro

Mayoral

Salegal

Vaqueriza

 

Construcciones agropecuarias

Aprisco

Cabaña

Cerrada

Corral, corrada

Choza

Corte

Majada, majadal

Pajar

Paridera

Redero

Tinada, taina

 

Fitónimos

Vegetación arbórea

Bosque

Carrasca-o, carrascal, carrascosa

Chaparral

Encinar

Enebro, enebral, enebrosa

Fresno

Higuera

Madroñal

Mesto

Moheda

Moral

Noguera

Olmo, olmeda, olmeña

Pino, pinar, pinatero, pineda

Pinoso

Poveda

Quejigar, cajigar

Roble, robledo, rebollar,

rebollosa

Sabina, sabinar

Sauce, saceda, salceda, salgar

Saúco-a

Soto

 

Vegetación arbustiva

Aliaga

Barbarija

Bardalón

Bermeja

Brezal

Cambronal

Cantuesar

Escobar, escobosa

Espino, espinar

Esplegar

Estepar

Mata

Mimbrera

Rosal

Sarguilla

Taray

Tomillar

Zarza, zarzoso

Zumacal

 

Vegetación herbácea

Atocha

Caña, cañal

Cañamera

Carrizal

Castellar

Cervunal

Cespedera

Espartar, espartosa

Gualda

Hinojuela

Juncar

Malva

Melera

Mielga

Prado, pradera

 

Especies cultivadas

Cebollera

Col

Esparragal

Majuelo

Manzano

Olivar

Parra

Peral

Porrino

Triguera

Vid, viña, viñadero

RESUMEN BIBLIOGRÁFICO

Alonso M.: Enciclopedia del idioma. Madrid, Aguilar, 1982.

Alvar López, M.: Toponimia del Alto Valle del Río Aragón. Zaragoza, Instituto de Estudios Pirenaicos, 1949.

Andolz, R.: Diccionario aragonés. Zaragoza, Librería General, 1977.

Barrios, J.C. y otros: El saber ecológico de los ganaderos de la sierra de Madrid. Madrid, Agencia de Medio Ambiente, 1992.

Ceballos Jiménez, A.: Diccionario ilustrado de los nombres vernáculos de las plantas en España. Madrid, ICONA, 1986.

Corominas, j. y Pascual, J.A.: Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Madrid, Gredos, 1980-1991.

García Marquina, F.: Guía del Viaje a la Alcarria. Guadalajara, Aache, 1993.

González Bernáldez, F.: Terminología popular de los humedales. Madrid, J.M. Reyero, 1992.

Federación Española De Deportes De Montaña Y Escalada: Manual de senderismo, 1997.

Lapesa, R.: Historia de la lengua española. Madrid, Gredos, 1983.

Llorente Maldonado, A.: Toponimia e historia. Universidad de Granada, 1971.

Menéndez Pidal, R.: Orígenes del español. Madrid, Espasa-Calpe, 1986.

Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 21ª edición. Madrid, imp. Unigraf, 1992

Zamora Vicente, V.: Dialectología española. Madrid, Gredos, 1989.

NOTAS

1 Real Academia Española, 21ª ed., 1992

2 González Bernáldez, F.: Los paisajes del agua: terminología popular de los humedales

3 González Bernáldez, presentación del libro de Barrios y otros: El saber ecológico de los ganaderos de la Sierra de Madrid.

4 Estébanez, J. y Pujol, R.: Análisis e interpretación del mapa topográfico, 1976.

5 Ver nota 1

6 Dauzat, A.: Les noms de lieux

7 Alvar López, M.: Toponimia del Alto Valle del Río Aragón.

8 Corominas,J. y Pascual, J.A.; Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico.

9 Alvar, op. cit.