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Pacheco Jiménez, César Fortificaciones
y vías de comunicación en época romana y altomedieval en
la zona de Talavera de la Reina (Toledo) Plantear en una comunicación para un congreso de caminería el problema de las vías romanas y su relación con presuntas fortificaciones en un área territorial concreta puede resultar pretencioso. La falta de datos al respecto es bastante importante, fundamentalmente desde una óptica de la investigación en fuentes antiguas. No hay más que considerar el famoso Itinerario de Antonino (Roldán Hervás, 1975) para darse cuenta de esta realidad, donde incluso se omite un centro urbano de especial relevancia en época romana como fue Caesarobriga hoy Talavera de la Reina (Arias, 19871; Carrasco Serrano, 1995; Mangas y Carrobles, 1992 y Rubio Fuentes, 1990), que dio lugar a un debate no menos interesante para tratar de identificar esta Talavera toledana con Augustóbriga, que sí aparece mencionada en la vía nº 25, y que tras estas discusiones no cabe duda de su relación con los restos del pueblo desaparecido bajo las aguas del pantano de Valdecañas conocido como Talavera la Vieja en Cáceres (Hermosilla, 1796; Salas, 1985; Arias, 1987; Santos, 1993 entre otros trabajos). No entraremos aquí de nuevo en el cuestionamiento de esas identificaciones (Talavera la Vieja=Augustobriga y Talavera de la Reina=Caesarobriga) entre otras razones porque consideramos que actualmente hay suficientes argumentos para sostener la segunda ecuación que resultaría superfluo su debate. La producción epigráfica en Caesarobriga es una de las más abundantes de la Hispania romana (Bores, 1767; Paz y Rodríguez, 1831; Fita 1883 y 1891; Jiménez de la Llave, 1891; Rivero, 1931; Fuidio, 1934; Rico Cantero, 1990, Cortés y otros, 1984, 1987 y 1989-90) hecho que sorprendía a los estudiosos pues esa prolífica epigrafía parecía chocar con la inexistencia de restos estructurales de época romana. Afortunadamente, esta carencia de documentación arqueológica se ha ido subsanando en la última década con la aportación de una gran cantidad de informació arqueológica recogida en las intervenciones de urgencia o en la denominada arqueología de gestión urbana2. Fruto de estos trabajos es la progresiva bibliografía que va apareciendo desde los años 90 con una interesante perspectiva para el enfoque del problema de un urbe romana que sufrió los típicos procesos de arrasamiento, expolio y desmote en época medieval-islámica. Hoy día podemos perfilar con evidencias materiales suficientes elementos del urbanismo (Urbina, 1995 y 1997; Mangas y Carrobles, 1992;) las infraestructuras hidráulicas3 (Moraleda y Pacheco, 1991) termas (Pacheco y Moraleda, 1997), la imaginería religiosa (Moraleda y Pacheco, 1998), la numismática, la producción de cerámica sigillata (Juan Tovar, Moraleda y Rodríguez, 1983), o la presencia de necrópolis4 (Moraleda, 1981 y Moraleda y Pacheco, e.p.), etc. Otro aspecto que está empezando a ser conocido es el substrato anterior5 a la romanización en el enclave mismo de la ciudad; datos arqueológicos revelan un coyuntural asentamiento del Bronce, similar a otros muchos de pequeña extensión que se dan el valle del Tajo y cuencas de arroyos circundantes de Talavera6. Hasta hace muy poco tiempo venía siendo objeto de especulación teórica el atribuir un presunto núcleo prerromano, posiblemente del ámbito vetón, con sus connotaciones de poblado estable junto al Tajo. Esta hipótesis se reforzaba incluso con la identificación tradicional de Talavera con la Aebura de Tito Livio, en la que el historiador romano sitúa la campaña del pretor del Citerior Quinto Fulvio Flaco en 181 a.C7 en la Carpetania, o la Libora de Ptolomeo8. Para algunos autores, sin embargo, la Ebura liviana estaría situada más al este, entre Talavera y Toledo, en torno a la Puebla de Montalbán (Montero Vitores, 1989)9. Posteriormente, en base a las Actas Pasionales y las fuentes cristianas tardías, el topónimo Elbora sale a la luz vinculado a la vida de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, naturales de una Elbora de la Carpetania y ejecutados por Daciano en Avila (Vallejo Girvés, 1991). Aquí la tradición hagiográfica local ha tenido bastante peso para identificar Elbora con Talavera, recogiendo con ello la transposición de la antigua Ebura-Libora con Elbora=Talavera. Por otra parte, otros autores hacen derivar el topónimo Talavera de una raíz indoeuropea (Villar, 1993) que en cualquier caso no estaría demostrando su permanencia toponímica en época romana. Al margen de estas disquisiciones sobre la toponimia y la identificación con Talavera, la arqueología tan sólo demuestra hasta el momento, que desde la Edad del Bronce hay una larga etapa en la que en el solar talaverano no parece existir un poblado constituido desde el punto de vista urbanístico, por lo que habría que replantear seriamente las atribuciones de Ebura y Libora con el actual emplazamiento de Talavera. Ciudad, fortificación y espacio viario: En el territorio de muchas ciudades siguió habiendo aldeas organizadas conforme a los modelos y usos tradicionales tanto en el tipo de su poblamiento en castella/oppida/turres como en su administración (Mangas, 1996, 70). Esa tipología nos sitúa ante una cuestión que centrará este trabajo: el control del territorio mediante esta clase de enclaves fortificados que están vinculados tanto a la vigilancia de vías de comunicación y caminos, como a la disposición de una especie de red de fortalezas que formaran parte de un sistema defensivo, especialmente en épocas de tensión bélica. Para la sociedad tardoantigua, la ciudad es un núcleo fundamental dentro del esquema general de articulación territorial: "Las ciudades viven de un control del espacio que ejercitan gracias a las redes de rutas que de ellas arrancan. Por ello el mapa de las civitates de la península Ibérica va coincidir con el mapa viario. La vías10 de comunicación son, sin duda, los ejes fundamentales sobre los que se produce la vertebración territorial. La falta de ellas no sólo supone la inexistencia de verdaderas ciudades sino también la de toda forma de administración territorial El espacio provincial se encuentra articulado en base a una red de ciudades con sus correspondientes territorios en los que se encuadran una serie de unidades menores como son los castella y los castra". (Revuelta Carbajo, 1997, 57-59). En este panorama organizativo del territorio, encontramos pues elementos secundarios de su jerazquización categórica: los castra, castellum y las turris. Se convierten en efectivos espacios de control y administración del territorio. Un ejemplo del paisaje rural por donde se diseminan este tipo de construcciones es el extremeño. La profesora Alonso Sánchez (1988) apunta analiza su diversidad tipológica y constata las diferencias sustanciales que se dan: con el término castellum los romanos englobaban un conjunto de fortificaciones muy diverso, desde los establecimientos efímeros, en función de una campaña concreta como los castra, hasta los establecimientos permanentes del limes, y los interiores de vigilancia de vías de comunicación, lugares estratégicos, etc. Es evidente la existencia de numerosos fortines (castella) de piedra, que se establecían en los lugares estratégicos sobre todo las vías de comunicación para su vigilancia (caso de Bolobras/Villalba en la zona talaverana). Por otra parte, dice la misma autora, se confirma la existencia en esta región de torres de vigilancia (turres) asociadas a las villae. Así pues dentro del conjunto de las fortificaciones estables destinadas a la defensa del territorio haremos una distinción entre las que podríamos denominar estatales (fortines situados en lugares estratégicos, en los que se estableces una guarnición estatal, dominando en la mayoría de los casos una vía de comunicación desde una elevación) y por otro lado las "privadas" (torres generalmente situadas en lugares llanos, la tropa acuartelada en ellas será de origen privado, y que tienen como una de sus misiones la protección de los dominios de un possesor) (Alonso Sánchez, 1988, 39-40). El esquema registrado por Alonso Sánchez no se ajusta literalmente en la zona de Talavera o territorio de Caesarobriga, pero hay indicios tanto toponímico, como documentales y arqueológicos que apuntan hacia una realidad del paisaje en época romano-visigoda y su pervivencia en época islámica-cristiana en el que se perfilan algunos de esos elementos, entre ellos las turris.
El territorio de Caesarobriga ha venido siendo considerado como un espacio a veces no muy bien definido si bien la realidad geográfica parece indicar que las claves de la organización de este sector están directamente relacionadas con la existencia de una civitas11. Una unidad de poblamiento centralizador con funciones administrativas para gestionar un territorio caracterizado por una población en aldeas dispersas (Mangas, 1996), con un estatuto de ciudad estipendiaria12 creada con la intervención de César a finales del siglo I a.C. La red viaria de la zona estaría definida por dos tipos de vías de comunicación: por una parte los itinerarios de largo recorrido, como la citada vía n" 25 de Mérida a Zaragoza, que algunos autores la hacen pasar al norte del Tajo y otros por el sur, para enlazar con Toledo. Por nuestra parte creemos que está suficientemente demostrado que al menos un ramal de primera categoría discurría por la margen norte del río conectando Talavera de la Reina con Toledo; la existencia de miliarios localizados, uno de Constantino I (Urbina, 1993) y otro de Juliano (Pacheco y Moraleda, 1994) apuntalan esta teoría de la vinculación caminera de la urbe caesarobriguense, y una especial atención por parte del poder imperial de esta ciudad e el siglo IV (Solana y Sagredo, 1997 y 1998). No entraremos a profundizar sobre el asunto del recorrido preferente de la vía 25 de Antonino por resultarnos de carácter secundario para este trabajo. El otro gran eje caminero que recorre la comarca en época romana tiene sentido norte-sur, desde el Puerto del Pico adentrándose en la zona de la Jara cacereña, atravesando quizá el sector occidental, en la Campana de Oropesa, donde se pueden identificar algunos tramos viarios en el entorno del pantano de Navalcán (De la Vega, 1990). Junto a estos grandes ejes viales tuvieron que existir en la comarca otros caminos de comunicación más local, y conectado de todas formas, con los principales. En este sentido la dispersión de esos asentamientos de carácter rural podría ayudar a su identificación pero también la asignación de funcionalidades defensivas y de vigilancia a determinados enclaves indican una vertebración mínima de red caminera. Hemos establecido algunas pautas en esa línea para intentar contribuir a la resolución del problema: -En primer lugar, la existencia del puente romano en Talavera (Moraleda y Pacheco, 1991) plantea ya necesariamente la conexión de la ciudad con un eje viario de cierta importancia. Podríamos decir incluso que su entrada por la orilla sur se convierte en nudo convergente de varias rutas: una que bordeando el río iría hacia el este, pasando por la parte baja del conocido Cerro Negro, dado que su relieve no permite otra opción más cómoda. De esta manera se comunican las tierras de la vega del Tajo que al borde de los montes existen y en las cuales se localizan algunos enclaves romanos, como la finca de La Orbiga y el lugar cercano de La Hormiga, donde hay evidencias de una presunta villa romana, junto a un cortado del terreno que origina el Tajo. Podría conectar además la ruta, más al este, con el sector la Pueblanueva, la vega de Santa María, y la villa y mausoleo paleocristiano descubierto en aquel paraje. -La otra dirección tomaría rumbo hacia el sur, pasando primeramente por el sector del Arroyo Manzanas, donde se ubica el poblado del Hierro con pervivencia en época romana, finca de la Pompajuela, para luego conectar con el sector de Alcaudete, área con abundante presencia romana. -La otra red importante de caminos secundarios se encuentra al norte del Tajo. Primeramente, encontramos que por el flanco oriental, el castillo de Villalba, identificado con Bolobras13, formaría parte de los puntos clave del camino entre Talavera y Toledo. No en vano, en las inmediaciones de Cebolla se han localizado varios yacimientos de cronología romana (Fernandez Miranda, et al.1990 y Fernández-Miranda, M.; Mangas, J. Y Plácido, D.,1990). Si la ubicación del castillo medieval hay que entenderla como heredera de una antigua fortificación romana, estaríamos ante un caso de castella vinculado al tramo viario. Materiales de esta cronología se han hallado en el entorno del propio castillo. Su estratégica posición por lo demás es innegable, junto a la vía principal a Toledo, y controlando el paso del Tajo por el actual enclave de Malpica. -Cruzando por el norte de la ciudad un camino que partía de principal de la nº 25 a Toletum, a la altura del lugar de Sotocochino, al oeste de Talavera y al sur de Cazalegas. Tomaba dirección NW y tras cruzar el río Alberche por un antiguo vado, luego a través del puente de fundación romana y reconstrucción medieval14, se dirigía hasta el sector noroccidental de la tierra para enlazar con la Vera. El camino fosilizado ha permanecido con el nombre de "Camino de los Veratos"; en su primer tramo encontramos en los planos topográficos de 1:50.000 el sugerente nombre de "carril de la Calzada", junto a la actual autovía de Extremadura; igualmente, este camino de los Veratos atraviesa zonas de huertas de la vega de Talavera, por parajes como Prado del Arca y del Pilar, donde hay diseminadas parcelas con presencia de material tardorromano. El agro talaverano en époc romana está empezando a conocerse con mayor rigor en los últimos años; las excavaciones en la villae de El Saucedo (Ramos y Durán, 1988; Ramos y Castelo, 1992; Castelo y otros, 1997 y 1999), situada a escasos kilómetros al oeste de Talavera está reportando importantes datos del poblamiento rural en la comarca. El modelo de villae puede resultar válido sólo en parte para explicar una realidad del poblamiento rural adscrito administrativamente a la civitas, pues otros modelos como los vici están igualmente representando modelos válidos en determinadas zonas (Moreno Martín, 1997) así como otra serie de asentamientos rurales a veces difícil de clasificar y que en algunos casos no pasarían de ser simples casas de campo, con funciones de complemento en las labores agrícolas (Pacheco, e.p.) Del panorama del poblamiento rural en esta parte del valle del Tajo nos ocuparemos en otro trabajo que pretende poner al día desde diferentes ópticas la posibilidades del estudio del fenómeno ruralizador de la sociedad en los últimos siglos del Imperio. Dentro de ese campo incidimos en esta ocasión en el tratamiento de determinados elementos, que a partir de indicios arqueológicos, toponímicos y documentales de la Edad Media nos ilustran acercan de una presunta red de lugares fortificados que cumplían tanto su función de control de territorio agrario como la vigilancia de las vías de comunicación terrestres y fluviales. Hay que partir diciendo que nuestra propuesta se apoya en una reflexión que hicimos al estudiar los modelos de asentamiento y explotación agraria en época islámica en el distrito de Talavera15, alguno de los cuáles, aunque se consolidan durante los siglos centrales del medievo, parecen ocupar lugares de aprovechamiento anterior romano y visigodo. En este aspecto otros autores han dado pistas para entender el sucesivo uso de un mismo lugar a lo largo de diferentes horizontes culturales (Pavón Maldonado, 1977; Plácido, 1989). Por ello hemos creído conveniente analizar primero los datos aportados por la fuentes medievales para luego adentrarnos en las variantes que se obtienen para la época romana. Partiendo de la casuística que encontramos a la hora de analizar las referencias documentales se requiere perfilar un campo teórico de clasificación de las tipologías de asentamientos rurales en este territorio que estudiamos. Conviene en primer lugar, aclarar que la definición de estos modelos son una mera aproximación al problema que por nuestra parte queda sin resolver plenamente. Las implicaciones que el fenómeno repoblador, a partir del siglo XI, tienen en la concepción y organización del nuevo espacio a repoblar y a asegurar siempre estuvieron condicionadas por un carácter provisional. Y de acuerdo con esta provisionalidad surgida de esa especial situación fronteriza y de inseguridad durante todo el siglo XII, podemos fijar a priori un modelo que se fundamenta en las necesidades defensivas del momento. El espacio rural, entonces, tanto de la vega como de las elevaciones se encuentra en esta etapa sometido a una estrecha vigilancia, ofreciendo un panorama que puede compararse con otras zonas de la Península donde se viven situaciones parecidas. El modelo de almunia-torre16, término que admitimos como válido según lo acuña Eritja Ciuró (1998) tiene una aplicación aproximada en esta parte del valle del Tajo, o al menos nos sirve de referente claro para explicar un modelo de hábitat que parece tener cierta implantación. En esta tipología, sin embargo habría que distinguir aquellas cosntrucciones eminentemente de carácter militar "atalayas o similares- de las torres asociadas a casas de labor o al menos que asumían un papel de almunia en el agro talaverano, conformando quizá un modelo más cercano a las casas-fuerte o almunias torreadas. En el marco del problema se encuentran algunas aportaciones de diferentes autores. Etritja Ciuró que se ocupa de la comarca de Lleida explica que en la terminología feual hay cierta confusión cuando se menciona uno u otro término, llegando en ocasiones a asociarse la existencia de una turris con una almunia. (Eritja Ciuró, 1998, 13); no obstante, hay que advertir que la forma almunia en este territorio es una adopción feudal del término andalusí; teniendo un carácter peri-urbano y a veces vinculada a un antropónimo17. La dos funciones -la agropecuaria y la defensiva- que pueden parecer inconexas, llegan a identificarse en lo formal: por una parte la almunia llegaría a definir la explotación agraria en conjunto, y por otra, la turris se refiere al núcleo del hábitat, el edificio de residencia, defensivo y con un marcado carácter simbólico. Con el tiempo, la turris pasa a denominar la explotación y la torre defensiva, quedando en la toponimia y en las referencias documentales este término aislado. La configuración de los dominios rurales, como dice Manzano, se presenta, por consiguiente, fuertemente influida por las necesidades de protección de los mismos. Ello se concreta en la construcción de torres de defensa y vigilancia que vienen a constituir así un elemento más en la ordenación de los territorios rurales cercanos a las ciudades (1986, 621). Hasta qué punto podemos aplicar al pié de la letra este modelo en la ordenación del espacio rural de Talavera es complicado. No obstante, y a pesar del protagonismo que estas bury toman en la etapa de reconquista y primera repoblación cristiana del área talaverana creemos que hay argumentos suficientes para identificar algunas de ellas como herederas de antiguas almunias-torres andalusíes; transformadas cuando no se encontraron totalmente destruidas en puntos estratégicos de control del territorio y como recurso defensivo para el agro talaverano. Curiosamente, la mayoría de los enclaves con el topónimo torre en el sector de Talabira se localizan en terrenos elevados de las terrazas superiores del Tajo, o en torno a los valles de arroyos secundarios; tan sólo unos pocos ejemplos se ubican en la denominada Vega: Torrejón de la Alcoba, Torre Salinas...Y muchas de ellas en torno a importantes vías de comunicación, como las situadas en las proximidades de la antigua calzada romana entre Mérida y Toledo. Esto conllevaría a concebir una necesidad de vigilancia geoestratégica a la vez que se comparte con la protección del agro, en un terreno caracterizado por el bosque de encinas y vegetación mediterránea que se aplicaría más bien a una economía pastoril de fácil control y movilidad. Con este panorama, podríamos atribuir una diferenciación entre las torres situadas en la vega, terreno de gran calidad para el aprovechamiento agrario de regadío, que estarían vinculadas a una tradición hispanomusulmana de almunia-torre durante el período taifa, readaptadas en época cristiana; y de otro lado, la fundación de nuevas torres, con sensibles diferencias de las atalayas localizadas en los montes del norte de Talavera: Cerro Malojo, Segurilla, Mejorada, Cardiel y Cerro San Vicente (Martínez Lillo, 1990), torres que responden a un modelo de repoblación, tanto al norte como al sur del Tajo, y una nueva forma de articular el control y vigilancia de un territorio en continua alarma e inseguridad, sobre todo durante el siglo XII como ya hemos visto. Con todo lo anteriormente expuesto cabe preguntarse "hasta qué punto puede relacionarse una pervivencia o, al menos, reaprovechamiento de estructuras y emplazamientos romanos con las posteriores torres y casas fuertes de campo de la etapa medieval". En este sentido, la toponimia y la memoria colectiva locales aportan algunas pistas de interés. Según Plácido (1989, 121) "Turris servía en latín, entre otras cosas para la designación de fuentes en las calzadas18, y de otro lado, sirve de topónimo posterior revelador de huellas antiguas, que puede corresponder a edificaciones no necesariamente vinculadas a las vías. Entre los derivados de torre la prospección ha confirmado restos de dierso tipo19. Por ejemplo, en Torrejón, en término de Talavera, los restos prospectados corresponden a una necrópolis romana. Bien es verdad que, en ocasiones, la presencia de tumbas y cementerios es índice de paso de la vía20 Otro Torrejón, se encuentra en la confluencia del río Cedena con el Tajo, donde hay una línea de demarcación en cruce geométrico con un camino. Torrejón se encuentra documentado como la variante Torreyón en documentos del siglo XIII21. El nombre es abundante en la provincia. También hay que contar con otros derivados o compuestos sobre la misma palabra: Torremocha, Torrecilla, el Torreoncillo, Torralba, Torrealbilla. Algunos podrían tener relación con vías de comunicación como Casa de Torrehierro, junto a la cañada y a al carretera general; las Torres, en hoja 627, muy cerca de la Cruz del Hito y del vado de la Cabra, sobre el río Alberche". Estas apreciaciones sobre la toponimia que realiza el profesor Plácido veremos que tienen su aplicación directa en algunos casos concretos del entorno de Talavera. Apuntamos aquí aquellos que entendemos pueden tener una presunta correspondencia entre asentamiento romano, y pervivencia medieval islámica y cristiana. Se trata en todo caso de enclaves en los que sólo persiste algún resto arqueológico, o bien únicamente el topónimo. Por su relación con estructuras fortificadas de control del territorio y del espacio caminero y agrario hemos considerado interesante hacer su reseña:
-ALCOBA, El: finca, musallá?, almunia, antigua villa romana. Término de Talavera de la Reina (Talaverilla). -Del árabe Al-qubba: "la bóveda, la cúpula". Aljibe o depósito, o Musallá(oratorio)(Goméz Menor, 129). -1203: escitura de venta de una viña en el Pago de Baric, junto al camino de Alcoba -1420: Escritura de donación hecha por Alfonso Fernández de Caballero e Isabel Gutiérrez, su mujer, de las heredades de Torrejón de la Alcoba y otra. (A. Colegiata de Toeo, Caja 145, 24) (Pacheco, 1989; Pavón Maldonado, 1977). Según la interpretación de Pavón Maldonado estaríamos ante un caso de enclave fuertemente romanizado, aprovechado por visigodos, musulmanes y cristianos. La idea de una almunia con algún oratorio o musallá22 no carece de lógica si tenemos en cuenta que posteriormente se edificó allí una ermita, conocida en el siglo XVI como Nuestra Señora de la Alcoba, posiblemente en un intento de cristianización de un lugar de culto musulmán.
-ALDAHUÍ Término de Alberche del Caudillo. Entre Torrejón y Alberche. -Del árabe: Alfahuí, Arsaguy, Alfarahuí, Adaralahuí: A(L)DAR AL-AHUI> posible etimol.: El Dar del Judío: (DAR- Casa fuerte o atalaya: en el sentido de almunia-torre). La asignación de un carácter de fortaleza en época romana vendría definida por la proximidad de los restos de una necrópolis documentada en los años 1980 en esta finca. La etimología árabe podría estar haciendo referencia a un enclave con alguna torre para control del campo circundante, y la proximidad de una de los caminos secundarios que discurre cercano.
-ALJARICHE o AL(H)ARICHE ="Torremocha"" Junto al Tajo, en término de Calera, frente a los Aflejes. Cercana a Palomares (vid.) Etimología: Al-Xarij: "Hawmat alxarij: alquería de Aljariche" (Ferrando Frutos, 1995) -1216:. Don Antolín vende al fraile don Juan, representante del Mº de San Clemente de Toledo, el tercio de un octavo de otra noria en el pago de Aljarich. (González Palencia, 432). Este autor lo identifica con Torremocha: hwmat tur(r)muja (Ferrando Crutos, 1995, 240).
-CASAR, El Antiguo pueblo, hoy barrio de Talavera de la Reina, situado al oeste en la carretera N-V hacia Extremadura. -Su etimología : Casar < qasr (pl. qusur) > qasar, (Ferrnado Frutos, 1995, 242) puede relacionarse con el sentido de casa fortificada con funciones de parador o fonda. Su situación, junto al camino real a Extremadura y antigua vía romana de Mérida a Toledo, refuerza esta hipótesis. -Qasr > al-qasr: Alcázar, almunia/albergue fortificado, con torre (hisn o bury): Franco Sánchez, p. 90. Ej. Alcàcer (Valencia) casona-torre a la salida de Valencia. De admitir esta interpretación que reseña Franco Sánchez, estaríamos ante una posible dualidad de funciones de este caserío: almunia-torre (fortificada) y manzil o venta en el ámbito de zonas más o menos despobladas pero próximas a una ciudad.
-DORBICO -Localización indeterminada. Pudiera identificarse con la finca La Orbiga, situada en la orilla sur del Tajo, dentro del término de Talavera, y próxima a la zona de Santa María de la Albuera. En esta finca se localizan restos de una villa o vicus romano y algunos autores han querido situar aquí la Libora de Ptolomeo o la Ilurbida de la Carpetania. -Etimología: "qarriqyat dur biqah" (Ferrnado Frutos, 1995, 237); la raíz Dar- casa fuerte. -1188: Venta de una parte de la alquería de Dorbico en término de Talavera: un corral, tierra, frutales y todas sus pertenencias. (González Palencia, doc. 202). La relación de Dorbico con Orbiga no carece de lógica, teniendo en cuenta su situación en unas tierras de buena calidad para el cultivo de regadío, y el bagaje hispanorromano de su aprovechamiento.
-TARUMNÍ Al norte de Talavera, en el camino del despoblado de Peña del Cuervo, hoy Santa Apolonia. -1193: Escritura de donación a un judío de una tierra del Monasterio de San Clemente de Toledo, en el pago de Tarumní, lindante con el camino que va a la Peña. (González Palencia, doc. 803). Ignoramos su raiz etimológica, pero suponiendo que en su origen fuera Dar-umní, estaríamos ante los casos conocidos de almunias/casas-fuerte.
-TORTOLAS En término de Calera y Chozas, al SW del pueblo, y próximo al Tajo. Etimología. En documentos del siglo XV aparecen con el nombre de Torcolas (Archivo Histórico Nacional, Mesta, caja 195, n" 7; Ruiz Carmona, 1994). Posible derivación de Torre-
-TORRE ALFONDEGA Término de Calera; puede corresponder con la casa de Baldosadero. Etimología: albur min alfuntiqa: la torre de la alfondega > Funduq. (posada o venta). -1177: Transacción de 3 tierras entre mozárabes; una de ellas "en la Torre de Alfóndega hasta la Torre" (González Palencia, 132). Esta segunda Torre pudera tratarse de la Torre del Conejo próxima a ésta. (posada o venta). En la delimitación del término de Avila con Talavera, realizada por Alfonso VII en 1152, se recoge el topónimo Vallefonsados, que puede relacionarse con el actual Baldosadero.
-TORRE O ATALAYUELA DEL CONEJO: Casa de Atalayuela Término de Calera y Chozas.Antiguamente mantenía el nombre de Venta del Conejo, por un establecimiento destinado al hospedaje. Se situaba en las proximidades de la encrucijada del cordel o cañada ganadera con el Camino Real de Extremadura, antigua vía 25 de Antonino. En sus cercanías se mantienen los topónimos de La Talayuela y La Torre. Su funcionalidad como torre defensiva y presunta casa de labor en torno al siglo XII-XIII pudiera vincularse al control de la vía de comunicación hacia eloeste.
-TORRE DE DOÑA LAZARENA: Casa de la Torre Término de Calera y Chozas, más al oeste de las anteriores, pero en el entorno del antiguo camino hacia Extremadura. Parece tratarse de un ejemplo de casa-torre con antropónimo: en la documentación mozárabe aparece doña Nazarena (González Palencia, doc. 290; Ferrando Frutos, 1995, 226). Se vislumbra una función de almunia-torre reaprovechada en el proceso repoblador.
-TORREJÓN Término de Calera y Chozas, próximo al anterior. En ambos casos hay evidencias arqueológicas de presencia romana en la zona pero el poblamiento medieval no sería de gran relevancia hasta al menos el siglo XIII cuando se empieza a poblar este sector, próximo a Alcolea y Alcañizo.No obstante los dos topónimos son indicativos del sistema defensivo en este ámbito rural.
-TORRE DEL HIERRO Término de Talavera de la Reina, al oeste de la población, y cerca del polígono industrial. Hay restos arqueológicos constatados de una estructura rectangular que identificamos como la referida torre (vid. fig. ), junto a un pequeño valle del arroyo Zarzaleja que discurre de norte a sur23. En sus cercanías se recoge material romano de una villa o vicus en el borde la terraza superior del Tajo (zona de parcelas), otro vicus a 200 m. al oeste y una presunta necrópolis tardorromana. En espera de nuevas investigaciones en este recinto que clarifiquen su funcionalidad, todo parece indicar que se trata de una presunta torre de vigilancia de la campiña en un terreno dedicado al uso agrícola y controlando el arroyo adyacente, además de su proximidad al camino primitivo de la vía n" 25 de Antonino procedente de Extremadura.
-TORREJÓN DE LA ALCOBA Término de Talavera de la Reina, al oeste de la ciudad y entre las poblaciones de Talavera la Nueva y Alberche del Caudillo. Se mantiene el topónimo en la finca. Al igual que en la Alcoba, se han documentado restos arqueológicos anteriores, de época romana, entre ellos una necrópolis excavada en los años 3024. No cabe duda de la presencia de una fortificación vinculada a la zona de huertas de Talavera, y relacionada con el lugar de la Alcoba. De hecho en la documentación bajomedieval suelen aparecer juntas. El topónimo torrejón o torrejones que se da en algún otro lugar de la comarca parece responder a la forma castellana de denominar restos de torres o atalayas de cronología plenomedieval.
-TORREÓN DE CABEZA DEL MORO Situado en el casco urbano de Talavera, servía de esquina para el segundo recinto amurallado, del siglo XII. Sin embargo, su base denota la reutilización de sillares anteriores, islámicos y romanos. Su ubicación, cerca del río y junto a la zona de prados y antigua alameda en el sector oriental de la ciudad, discurría además el arroyo de Papacochinos, permite marcar una hipotética funcionalidad como torre-vigía adelantada al primer recinto amurallado romano. Importante es la presencia en su aledaños de una gran necrópolis romana descubierta a principios de 1980 (Moraleda, 1981 b). Es curioso el topónimo Cabeza del Moro, que según la tradición se asigna por el fragmento de verraco prerromano empotrado en la cara este del torreón, que sobresale del paramento. También cabe la posibilidad de que sea una referencia sugerente a la aparición en el siglo XVIII de restos óseos de la necrópolis.
-CASTILLO DE VILLALBA (Bolobras). Acerca de este enclave tan sólo podemos argumentar que su estratégica situación, en lo alto de un cerro desde el que se divisa la amplia vega del Tajo, y junto a una enrucijada de caminos conforman condiciones idóneas para el establecimiento de un puesto fortificado de control del territorio. Al pie del cerro pasaba la vía A25 de Antonino ya referida, lo que justifica la posibilidad de al menos una mansio (Pérez de Tudela y otros, 1997) En su mismo emplazamiento se registraron materiales romanos (Cedillo, 1959), aunque la obra militar en su mayoría se construye en época islámica, y posteriormente alguna reforma bajo la propiedad de la Orden del Temple. Se ha pretendido identificar con el castillo de Bolobras que aparece en un privilegio de Alfonso VII de 1142: "Dono uobis et castellum de Bolobras cum omnibus aldeis et terminis et riuo Tagi et Pusam et totam terram et ualles..."25.
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NOTAS 1 Vid. además Miliario Extravagante, n1 "14 (1968), pp. 406-407. 2 En noviembre del año 2000 tuvieron lugar en Talavera las I Jornadas de Arqueología Romana de Talavera de la Reina "Hércules 2000", organizadas por el Colectivo de Investigación Histórica ARRABAL de esta ciudad donde se pretendía hacer una puesta al día de estas investigaciones y plantear líneas de trabajo y de interpretación del hecho romano en la ciudad y su territorio de influencia. 3 En el sector sudoccidental del primer recinto amurallado de Talavera, correspondiente con la antigua urbe romana (C/San Clemente-Ronda Sur-C/Lechuga y Entretorres) se han podido documentar en los últimos años gran cantidad de restos altoimperiales y una importante reestructuración de época tardorromana y visigoda. Desde hábitats domésticos hasta lagares de aceite con restos de prensas, pavimentos de presuntas calles, etc. Algunos de estos resultados están recogidos en los informes arqueológicos archivados en la Consejería de Cultura, Dirección General del Patrimonio de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y saldrán a la luz próximamente en las actas de las I Jornadas de Arqueología Romana de Talavera (23-25 de noviembre de 2000). 4 Se encuentran inéditos los restos de la necrópolis situada cerca de la desembocadura del arroyo Portiña, al oeste del recinto romano y en las inmediaciones de la Puerta de Mérida, el acceso a la ciudad desde el oeste. Las tumbas documentadas junto al lecho del arroyo son de cronología altoimperial y tardorromana (Vid. Pacheco y Moraleda: Informe de la intervención arqueológica, 2" Fase, en el solar n" 24-30 de la C/Entretorres-Ronda Sur de Talavera de la Reina. Julio 1999. Consejería de Cultura. JCCLM y MORALEDA, A. y PACHECO, C., "Espacios funerarios en Caesarobriga: dos nuevas necrópolis" en Actas I Jornadas de Arqueología Romana de Talavera (23-25 de noviembre de 2000). En prensa 5 En el mismo casco urbano de Talavera se ha documentado la presencia de un asentamiento de la Edad del Bronce, (Bronce Medio y Antiguo; vid. Pacheco y Moraleda, Informe de la intervención arqueológica en solar del sector oeste de C/Lechuga. Talavera de la Reina. Talavera, septiembre 1999. Consejería de Cultura, JCCLM), inmediatamente por debajo de las cotas altoimperiales, y encima de los limos cuaternarios que caracterizan a esta parte del valle del Tajo (Jiménez Rodrigo, 1996). 6 Estamos preparando un estudio de investigación que lleva por título Aportaciones al estudio del Calcolítico y la Edad del Bronce en el Valle medio del Tajo. Zona de Talavera de la Reina en el que se recogen varios yacimientos localizados. 7 Tito Livio, Ab urbe condita, libro XL, XXX. 8 Ptolomeo, Geographica, II, 6, 56. 9 Bosch Gimpera, P.: Historia de España, II. Menédez Pidal, R. (ed.), Madrid, 1982, p. 75. 10 La primera y principal función de una vía es comunicar los lugares de asentamiento. Su nacimiento se debe al uso de su trazado, generalmente siguiendo una vía o camino natural, por la necesdad de trasladarse de una población a otra. La acción de transitar con frecuencia por un determinado itinerario originará la aparición de la vía, según Revuelta Carbajo, 1997. 11 Utilizaremos aquí el término civitas en el sentido de unidad básica de la organización territorial. Hay entonces una relación de la ciudad con su territorium, o demarcación de tipo administrativo que tiene por centro un núcleo urbanizado con implicaciones de tipo económico, político, etc. Ambos conceptos en REVUELTA CARBAJO, Raúl, La ordenación del territorio en Hispania durante la Antigüedad Tardía. Madrid, 1997, p. 60. 12 Plinio, Historia Natural, Libro IV, 22, menciona los cesarobrigenses como uno de los pueblos tributarios dentro de la Lusitania. 13 El topónimo Bolobras aparece en un privilegio de Alfonso VII de 1142: "Dono uobis et castellum de Bolobras cum omnibus aldeis et terminis et riuo Tagi et Pusam et totam terram et ualles..." en J.A. García Luján, Privilegios reales de la Catedral de Toledo (1086-1462). Toledo, 1982, II, p. 49. 14 Pacheco, C: "Puentes medievales de Talavera de la Reina: Una visión histórico-arqueológica" en Actas del IV Congreso Internacional sobre Caminería Hispánica, Madrid, 2000, I, pp. 373-398. 15 PACHECO, C.: "Almunias en la Talavera medieval: Aproximación histórico-arqueológica al estudio del espacio rural islámico en el occidente de la taifa toledana" en Actas del Congreso Internacional Entre el Califato y la Taifa: Mil años del Cristo de la Luz (Toledo, 14,15 y 16 diciembre de 1999). En prensa. 16 Acerca de esta tipología para el área de Talavera estamos preparando un estudio que aparecerá con el títuto "Las turris y las casas-fuertes en el valle del Tajo: Un modelo de hábitat rural para la repoblación (ss. XI-XIII)". 17 Es habitual que el nombre de al-munya vaya casi siempre determinado por otro de persona o de lugar. G. Abd al-KARIM, La España musulmana en la obra de Yaqubt. Granada, 1974, p. 35. 18 CARNOY: "Toponymie des chaussées romaines en Belgique et dans les regions avoissinantes" en AC, 22 (1953)p. 319, CHEVALIER, Les voies romaines. París, 1972, p. 146. 19 FERNÁNDEZ CORRALES, J.M.: "Toponimia y arqueología en la provincia de Cáceres" en Norba, 5 (1984), p. 38. 20 CARNOY, ídem, , AC, 23 (1954), p. 6. 21 COROMINAS, J., Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid, 1986, p. 575. 22 La musallá: oratorios al aire libre con un muro donde ubicar el mihrab o nicho provisional, podría explicar la al-qubba. Torres Balbás, "Musallà y "Sari=a" en las ciudades hispanomusulmanas" en Al-Andalus, XIII (1948), pp. 167-180. 23 Se ha pretendido asignar a esta estructura una funcionalidad de tumba turriforme de cronología romana (Angel Monterrubio et al.: "Una tumba turriforme en Torrehierro" en El Mundo Comarcal, n" 53 (23-XII-1995), pp. 28-29), hipótesis que nos parece poco probable; dada la tipología constructiva y su relación espacial con otros enclaves de la zona de cronología medieval preferimos interpretarla como un ejemplo más torre de control y vigilancia del entorno agrario circundante del agro talaverano. 24 Manuel MAURA Y SALAS: Excavaciones en una necrópolis romana de Torrejón (Talavera de la Reina)" en Anuario de Prehistoria Madrileña, II-III (1931-1932), pp. 93-98. 25 J.A. García Luján, Privilegios reales de la Catedral de Toledo (1086-1462). Toledo, 1982, II, p. 49. |