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César María Batalla Carchenilla
EL CAMINO DE LA SAL. DE SANTAMERA A HUÉRMECES DEL CERRO (GUADALAJARA)
Actas del II Congreso Internacional de Caminería Hispánica. Tomo I, pp. 395-400

INTRODUCCIÓN

Traemos hasta aquí la descripción del recorrido de un antiguo camino, señalando de manera muy general las diferentes poblaciones que a través del tiempo lo han venido utilizando. Hoy día en desuso, medio olvidado y apenas reconocibles sus restos. Su nombre resulta muy llamativo para su situación y la función que realizó. "El camino salinero", como se le conocía, unía las conocidas salinas de Imón hasta Negredo y Angón. El estudio que aquí presentamos se centra en el tramo que transcurre desde Santamera hasta Huérmeces del Cerro.

LAS SALINAS. IMPORTANCIA EN EL MEDIEVO

La sal es un elemento fundamental no sólo para la manutención sino para la conservación de los alimentos por parte del ser humano. A falta de un transporte adecuado desde las salinas marinas, aquellos yacimientos de sal que se encuentran tierra adentro y cercanos a las principales poblaciones de abastecimiento se convierten en puntos estratégicos y de notable importancia, hecho que sucede con las salinas de Atienza.

Su importancia en el medievo lo vemos reflejado en el hecho que el rey castellano Alfonso VII, en 1137, las declaró de posesión real, siendo la propia corona quien se encarga de su explotación. Sin deshacerse de ellas los diferentes reyes castellanos, podrán donar parte de su producción, pero nunca dejaran escapar la posesión de sus manos y cuando se vean agobiados económicamente donaran su producción, pero nunca su dominio personal. Su actividad fue constante hasta la evolución del estanco de la sal en 1869, quedando inactivas hasta 1872, bajando mucho su producción y por tanto su importancia hasta hoy día, siguiéndose en la actual explotando, pero no con la fuerza y la importancia de antaño.

Las salinas de Atienza están formadas por un conjunto de pozos de lugares juntos entre si como son los de Imón, Santamera, La Olmeda de Jadraque, Bujalcayado y Riba, algo más separados se encuentran los de Rienda, Paredes, Tordelrábano, Carabias, Alcuneza y Valdealmendras. Pero las que nos interesa son las de Imón y Santamera, situadas en la cabecera de nuestro camino, siendo las de Imón las de mayor importancia.

Su situación geográfica, sus condiciones climáticas, hacen que todo ello unido creen una serie de factores que hacen de ellas el tener una condiciones inmejorables para su producción.

EL CAMINO SALINERO

Si las salinas cercanas al mar pierden su importancia por el difícil abastecimiento y los elevados gastos de transporte, que no hacen factibles su explotación, y se buscan por todas partes otros tipos de salinas, más cercanas y por tanto más baratas. Las vías de comunicación que se forman alrededor tienen una creciente importancia, hasta el punto que la existencia de estos caminos desde el principio se ponen en relación con los medios de producción. Así, de esta forma, se conoce desde antiguo un "camino salinero", que no se corresponde con el estudiado aquí, aunque se entrecruzan.

Este primer camino salinero, parte de Ayllón a Atienza y luego se divide en dos ramales, uno a las salinas de Imón y otro a las de Santamera. Mientras que el camino salinero aquí estudiado parte de las propias salinas de Imón, y como punto de referencia siempre va a llevar el río Salado.

Desde las salinas comienza un camino, el anteriormente citado camino salinero, en dirección a Santamera, el comienzo del mismo actualmente se encuentra bajo la carretera que une Atienza con Sigüenza, la C-114, pero es fácil de seguir. A pocos metros se separa de esta carretera, km. 38, continuando paralelo al río Salado en su margen derecho. En este tramo el camino es de herradura, continua hasta las salinas de Gormellón o de Santamera, donde se cruza con el antiguo camino de Atienza a Sigüenza, que debió formar parte del camino salinero que hemos citado en primer lugar, siendo el ramal que continuaba a las salinas de Santamera.

Hasta aquí todo parece más o menos claro, puesto que lo único que hace es poner en comunicación las dos salinas, las de Imón y las de Santamera. Uniendo posteriormente estas últimas con su población.

Si en un principio el camino sigue el margen derecho del río Salado, en las salinas de Santamera cruza el río situándose en el margen izquierdo. Atraviesa, dividiéndolo en dos, el pueblo, que se encuentra situado en un amplio meandro formando un hermoso desfiladero, para posteriormente salir por su extremo sur, a la altura del cementerio, donde encontramos restos de población datables, por los materiales encontrados, en la edad del Bronce y del Hierro. Una vez pasado el pueblo el estrecho desfiladero se abre y junto al río hace un giro brusco de 90 grados. Lo mismo le ocurre al camino, que hasta aquí es visible y se continua sin dificultad, empezando las mismas a partir de este momento.

Actualmente el camino vadea el río poco antes del giro del mismo en Peña Corva, aunque se trata de una abertura reciente, que además a puesto al descubierto un yacimiento eneolítico. Esta abertura se produce por el continuo desprendimiento de rocas y tierra que lo debían de colapsar, motivando el planeamiento de abrir una nueva vía alternativa más segura. Mientras que el camino salinero cortaba diferentes líneas de nivel, el actual camino sigue una misma línea haciéndole más horizontal y por ello más transitable.

Los rastros en ciertos tramos aparecen todavía intactos, siendo visibles en ellos diferentes muros a modo de protección del mismo, estando en otros colmatados por la roca caída. En otros la erosión del río a llevado a formar grandes curvas arrasando por un lado enormes trozos de camino y por otro aislado a los restantes de tal manera que hace imposible su tránsito incluso para personas.

Tras varias curvas, donde encontramos lo anteriormente comentado, éste recibe, en especial en época de lluvia, las aguas del barranco del Hocino. Su confluencia resulta interesante para determinar el trazado original. En primer lugar apenas lleva agua y produce un vado aprovechado para cruzar el río sin mucha dificultad, pero en dirección del margen derecha-izquierda, norte-sur, siendo esta utilización moderna, marca una bifurcación en el nuevo camino, inexistente en el antiguo, cuyo tramo en el margen izquierdo es abandonado unos metros aguas arriba perdiéndose por la erosión del propio río. Al llegar aquí hay que señalar el dato que desde Santamera a El Atance no hay ningún puente que cruce el río, salvo el propio de El Atance, pero en sus inmediaciones, de tal forma que cuando señalamos que hay que cruzar el río, en realidad hay que vadearlo. Uno de esos vados se encuentra en esta confluencia, que pone en comunicación ambos caminos.

En la afluencia del Barranco del Hocino encontramos restos de poblamientos que por los materiales recogidos pertenecen a la edad del bronce y comienzos del primer hierro. A partir de aquí el río se abre en un bonito valle que no abandonará hasta Huérmeces del Cerro. Por ello es fácil seguir ambos caminos, el antiguo por el margen izquierdo y el nuevo por el otro.

El camino continúa hasta El Atance, donde encontramos restos de población, con la conocida necrópolis excavada por Cerralbo y nunca publicada; el castro que domina todo el valle del Salado, cuyos restos afloran en superficie, delimitando un amplio cerro, por último existen restos de un despoblado en el margen derecho del río de la Hoz, posible continuación del actual pueblo.

Una vez que se llega a El Atance, el camino cruza el río por un puente, actualmente de cemento aunque anteriormente estaba construido en madera, con diferentes reconstruciones, la última, anterior a la construcción del nuevo se hizo a comienzos de este siglo. A partir de ahora el camino se bifurca en dos ramales, uno con dirección a Angón y el otro a Negredo.

La primera bifurcación, con dirección a Angón, apenas se reconoce, ha abandonado el río Salado y empieza una escalada por los montes del oeste de El Atance, perdiéndose su rastro en los altos de Valdehierro. Volvemos a encontrarnos con él al cruzar el camino de Santiuste a Huérmeces del Cerro, en la confluencia del río Regacho con el arroyo del Saúco, confundiendo e incluso superponiéndose al camino entre Santiuste y Angón.

El siguiente ramal, que debió ser el principal, si esa denominación podemos darle a alguno de los dos, continua paralelo al río Salado, por su margen derecho, siendo apenas visible, aunque se pueden seguir sus huellas en algunos tramos, su poca utilización le ha hecho que la maleza de la terraza del Salado se halla apoderado de él, de ahí la dificultad de seguirle, incluso andando, existen tramos intransitables y por supuesto inaccesibles. Cuando el valle del Salado se estrecha y comienza la formación de una serie de meandros, el camino se separa de él para cruzar el río Regacho, a la altura del arroyo de la Espinada donde se puede de nuevo seguir, hasta el camino que une Santiuste con Huérmeces del Cerro, perdiéndose por completo. A partir de aquí es difícil seguir su rastro hasta Negredo, confundiéndose en algunos de los tramos de su recorrido con otros caminos que nada tienen que ver con nuestro camino.

LAS RUTAS DE COMUNICACIÓN

De una forma sencilla hemos descrito el trazado de un interesante camino, medio de comunicación entre las salinas de Imón y Santamera con una de las vías principales existente en el medievo, el conocido como Camino Real de Burgos a Valencia. Camino fundamental puesto que pone en contacto a la más importante de las capitales donde se comercializa la sal con las ciudades del levante, comunicando a su vez ambos lugares con los centros de producción de la sal.

Posteriormente vemos un abandono en la utilización, no sólo de este camino sino en las vías principales, cuando el comercio gira entorno de otros lugares, Valladolid y Madrid, y se produce la revolución industrial y principalmente de los medios de trasporte y comunicación. La utilización de éstos hace que los yacimientos salineros de la costa sean más rentables, por lo que se produce un abandono de las producciones interiores, que llevará consigo igualmente el abandono y la desertización de las de tierra adentro. Este hecho se observa en la creciente recesión demográfica y el cambio económico y social que se produce durante el siglo XVIII en esta región.

EL VALLE DEL SALADO

Señalar el dato que en el camino Real de Burgos a Valencia, posterior camino de Madrid a Logroño o Madrid a Pamplona, encontramos dos puntos de paso, Angón y Negredo, ambos son los extremos terminales de las diferentes ramificaciones del camino. Aunque no olvidemos la importancia que tuvo todo el valle del Salado. Su importancia no debió ser únicamente en el medievo sino ya con anterioridad, los diferentes restos de poblamiento existentes por todo el valle del Salado así lo atestiguan, creándose un rico valle, de fácil explotación y defensa. Valle que será redescubierto con la repoblación y explotado para la sal.

CONCLUSIÓN

Hemos hecho un breve recorrido por un interesante camino, que pensamos que debe ser tenido en cuenta como punto de enlace entre las vías de comunicación y las explotaciones del norte de la provincia de Guadalajara, en este caso de la sal, en la España Medieval. Aunque su abandono no sólo ha venido propiciado por su falta de uso y su falta de sentido en su utilización sino por la creciente despoblación de la zona y el abandono de sus pueblos que pone en comunicación, que tienden a desaparecer y cuya cultura se debe de algún modo tender a recuperar.

Los diferentes restos humanos encontrados a lo largo del valle del Salado y relacionados algunos de ellos directamente con el camino salinero, viene a demostrar el interés por la explotación de dicho valle desde época neolítica. Si en un principio debió ser una explotación simplemente agrícola, en el medievo su utilización se debe relacionar con las explotaciones de las propia salinas, debiéndose pensar que el camino no sólo debía ser una vía de comunicación para el abastecimiento de la sal, hacía las poblaciones del Levante, sino también una vía de abastecimiento de otras necesidades para los pobladores de las salinas. Lo que hace que este camino tuviera un significa de intercambio de productos que girarían siempre entorno a la sal. Aunque no debería ser únicamente el elemento principal de intercambio entre las diferentes poblaciones que lo transitaron.

NOTAS

1     Durante la primavera de 1991, llevamos a cabo la prospección arqueológica, para el posterior estudio histórico-arqueológico y de patrimonio de las tierras que las aguas iban a cubrir, sobre la cota 900, con la construcción de la presa denominada de El Atance, sobre el río Salado, principalmente. El trabajo aquí presentado, en alguna de sus partes pertenece a las conclusiones de aquel estudio. Únicamente agradecer su apoyo al equipo que nos acompaño, especialmente Mercedes y Nana.

2     Catastro del Marques de la Ensenada, «Huérmeces, Haciendas de Legos», Archivo Histórico Provincial de Guadalajara.

3     «La sal forma, con los granos y el vino, la trilogía fundamental en la economía de la Edad Media», GUAL CAMARENA, M.: «Para un mapa de la sal hispana en la Edad Media», en Homenaje a Jaime Vicens Vives, Barcelona 1965, t. I, 485.

4     En 1139 el monarca castellano hace donación a Bernardo, obispo de Sigüenza, del diezmo de las salinas, de Emón (Imón). Como se ve no es la propiedad la que se traspasa. Posteriormente, en 1144, el obispo da al cabildo la mitad de los frutos episcopales, entre ellos los de las salinas, MINGUELLA, T.: Historia de la diócesis de Sigüenza, Madrid 1910, vol. I, 367-69 y 375-78.

5     En 1826 cita Miñano, cerca de Atienza las «famosas salinas de Aimón (Imón)», MIÑANO, S. de: Diccionario Geográfico, Madrid 1826-29, vol. I, 322; «Unas salinas de agua, acaso las mejores de España», así es como D. PASCUAL MADOZ, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid 1845-1850, Castilla-La Mancha, vol. II, Valladolid, 1987, 100-101.

6     Sobre su situación y producción de las salinas ver el trabajo de LÓPEZ GÓMEZ, A.: «Salinas de la Comarca de Imón (Guadalajara)», Revista de Estudios Geográficos, Madrid 1970, 371-394.

7     El río Salado nace en Valdelcubo, baña las poblaciones de Sienes, Riba de Santiuste, La Barbolla, Imón, Santamera, El Atance, Huérmeces del Cerro, Viana de Jadraque y Baides, donde se une al Henares. Pascual Madoz, nombra al río con los nombres de Salado y Salinero. MADOZ, P.: O.c., vol. II, 274.

8     Para las situaciones geográficas utilizamos la Hoja 461, Sigüenza, Mapa Militar de España, E. 1:50.000

9     Un estudio del mismo se encuentra en VALIENTE, J.: «El abrigo de Peña Corva, en Santamera (Riofrío del LLano, Guadalajara)», en Wad-al-Hayara, nº 11, Guadalajara 1984, 271-288.

10     Aunque apenas lleva agua, salvo en época de lluvia, es intransitable durante la mayor parte del año.

11     Los materiales de la necrópolis de Las Horazas, en El Atance, fueron donados en los años cuarenta al Museo Arqueológico Nacional, fueron posteriormente estudiados y publicados por Mercedes de PAZ ESCRIBANO, «La necrópolis céltica de El Atance (Guadalajara)», en Wad-Al-Hayara, nº 7, 35-57. Fechándose su utilización entre el siglo VI y el II a.C.

12     Esta noticia nos fue amablemente facilitada por el alcalde, el señor Rufo, desde aquí nuestro agradecimiento por el trato que siempre nos ha dado.

13     Deja a la derecha los montes de Seviela y a la izquierda el Alto de Sorieta y Valdehierro, donde sus cotas apenas sobrepasan los 1.050 metros de altura.

14     Tanto las denominaciones de Camino Salinero como las de Camino Real de Burgos a Valencia las encontramos en el Catastro de Ensenada, Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, en las Respuestas Generales de los pueblos de Santamera, El Atance y Huérmeces, para la denominación de Camino Salinero, mientras que para el Camino Real de Burgos a Valencia, en las respuestas de Huérmeces del Cerro.