El Quijote a través de las colecciones de cromos : grabados en madera
De entre todas las colecciones que ha recopilado el C.E.C.L.M ésta es, sin duda alguna, una de las más curiosas, ya que, además de ser posiblemente la más antigua (finales del siglo XVII), nos presenta una serie de imágenes de El Quijote cargadas de ingenuidad en el dibujo.
Se trata de un conjunto de treinta estampas numeradas de 7’5 cms. x 6’0 cms. y realizadas por el sistema de entalladura (grabado en madera). El empleo de esta técnica supone una limitación en cuanto a la elaboración de representaciones muy detalladas, de forma que nos encontramos ante figuras muy esquematizadas, de remarcado dibujo mediante gruesos trazos negros y de apariencia algo tosca. Del mismo modo, el grabador tampoco puede hacer un notable uso del claroscuro, ya que no es posible recurrir a las tramas que se aplican en otros tipos de grabado, de forma que todas las escenas, ya sea de día o de noche, tienen el mismo tratamiento. Por tanto, para distinguir en qué momento del día se desarrolla la acción, el ilustrador recurre a la inclusión muy obvia de elementos como el sol, la luna, una vela, etc. Este hecho nos recuerda el empleo semejante de este tipo de recursos en el Teatro del Siglo de Oro para ambientar las escenas.
No obstante, dejando a un lado las limitaciones de la técnica, también debemos resaltar la escasa habilidad del propio entallador, ya que observamos notables deficiencias en la composición de las escenas. Así, por ejemplo, nos encontramos estampas en las que los personajes se disponen sobre un fondo continuo que se superpone de forma inverosímil sobre el suelo, o bien que no cuenta con ningún tipo de suelo en absoluto, de manera que aquéllos parecen levitar (estampas nº 8, 16, 18, 30 y 29). Del mismo modo, el autor se ha despreocupado en cuanto a la aplicación de unas mínimas normas perspectívicas, por lo que encontramos fondos en los que las arquitecturas son menores que los personajes que aparecen a su lado o, incluso, en un plano más alejado (estampas nº 26 y 30).
En cuanto a los capítulos de El Quijote a los que estas estampas hacen referencia (21 correspondientes a la primera parte y 9 a la segunda), vemos cómo ya se ha planteado una selección de las que serán las escenas más representativas de la novela: “don Quijote armándose caballero” (1 y 2), “los azotes de Andrés” (3), “el donoso escrutinio” (4), “el ataque a los molinos y la pelea con el vizcaíno” (5), ”el cuento de la pastora Marcela” (6), “los yangüeses” (7), “sucesos de la venta y lucha con las ovejas” (8 y 9), “los enlutados” (10), “Dulcinea” (11), “el yelmo de Mambrino” (12), “el cura y Dorotea” (13), “penitencia de don Quijote” (14), “sucesos de la venta y la princesa Micomicona” [15-20 (15, 16, 17, 18, 19, 20)], “don Quijote encantado” (21), “don Quijote enfermo” [22-24 (22, 23, 24)], “el carro de Las Cortes de la Muerte” (25), “el Caballero de los Espejos o del Verde Gabán” (26), “lucha con el león” (27), “la cueva de Montesinos” (28), “el retablo de Maese Pedro” (29) y “los Duques” (30).
Resulta arcaizante el hecho de que en algunas de estas estampas aparezcan de manera simultánea varias escenas que, en realidad, se nos narran en distintos tiempos. Así, en la estampa nº 2, don Quijote está velando las armas, pelea contra unos atacantes y es armado caballero; en la estampa nº 5, se produce la lucha contra los molinos, la liberación de la dama de un carruaje y la lucha contra el vizcaíno; y en la estampa nº 9, por citar un último ejemplo, mientras Sancho es manteado don Quijote lucha contra las ovejas. Curioso es también el hecho de que algunas representaciones aparezcan repetidas para ilustrar diferentes escenas; caso de las estampas nº 7 y 17, y la nº 18 y 30. Posiblemente una forma de reducir el gasto en grabados.
Estas estampas bien pueden corresponderse con las ilustraciones realizadas para alguna de las ediciones de El Quijote en la segunda mitad del siglo XVII, quizás una de las menos eruditas. Un dato a tener en cuenta es que la moderna “j” de “Quijote” no se adoptó definitivamente por la Real Academia Española hasta 1819, mientras que en estas ilustraciones todavía encontramos “D. QUIXOTE”. En cualquier caso, el hecho de que no contemos con ningún dato que nos pernita establecer con absoluta firmeza la datación de estas estampas (autor o grabador, edición concreta a la que pertenecen, etc.) nos hace ser cautos, no desechando incluso la posibilidad de que se trate de una elaboración más moderna cuyo autor quisiera darle esta apariencia de mayor antigüedad.
Fernando González Moreno
